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DEL TEST PSICOLÓGICO A LA EXPERIENCIA GESTÁLTICA II CONGRESO NACIONAL DE GESTALT. AETG. 2002 MADRID
Los tests constituyen en la psicología una de las herramientas principales en su aplicación clínica, educativa, organizacional, etc. En el tratamiento, aspecto en que me centro, es frecuente que entre los elementos de evaluación del paciente, junto a historiales clínicos y entrevistas, figuren resultados de tests, incluso con un apartado específico de psicodiagnóstico. Así, el propósito de evaluación desemboca frecuentemente en la atribución de un cuadro o síndrome psicopatológico conforme a inventarios o manuales de diagnóstico. Algunos tests son de tipo general y otros específicos de trastornos como ansiedad, depresión, psicoticismo, etc. Este método de trabajar en el marco clínico se corresponde con un modelo que diagnostica al paciente y en consecuencia establece el tratamiento conveniente. En algunos casos los tests contribuyen a la valoracion de determinadas funciones y procesos psicológicos: percepción, atención, memoria, diversos tipos de inteligencia, etc. En otros casos, aportan elementos de aproximación al conocimiento de la personalidad del paciente mediante estudios factoriales y valoración de cualidades o rasgos como las clásicas de extraversión, neuroticismo, inestabilidad y dureza, etc. En estos casos, los tests nos ayudan a un mejor conocimiento del paciente como entidad psicológica y en consecuencia nos facilitan la elaboración de estrategias terapeúticas o de interacción terapeuta-paciente. Con cualquiera de estos objetivos, los tests suelen clasificarse en dos grandes grupos: de psicometría o proyectivos. Con los psicométricos se miden determinadas variables en función de los puntajes correspondientes a la realización de pruebas o respuestas a preguntas. En los proyectivos, a partir de pruebas expresivas o asociativas se realizan interpretaciones en base a respuestas tipificadas. Los tests suelen constar de unos materiales para la realización de las pruebas (láminas, formas, cuestionarios,etc), de unas hojas para anotar los datos y las plantillas para su evaluación, así como de algún manual de interpretación. Esto hace que los tests sean medios "instrumentales", en su aspecto objetal y operacional, de entrar en relación con el paciente. Por otra parte, suelen ir acompañados de unas instrucciones de aplicación en que por lo general se recomienda neutralidad, distancia cordial, y la mínima interferencia personal con el sujeto que realiza el test, desde el supuesto de que serían variables no controladas por el instrumento. Según y cómo, estos dos criterios, el instrumental y el de neutralidad, pueden ser congruentes o no; en cualquier caso se acepta mayoritariamente en la práctica psicológica que la posible incongruencia es insignificante y que no afecta al resultado de la evaluación. Con independencia de los resultados, a mi modo de ver sí afecta a la relación terapeútica y es a partir de esta observación empírica que me surgió la idea de acentuar o amplificar esta interferencia, convirtiendo el test en elemento terapeútico, como explicaré más adelante. Con los tests se pretende evaluar la entidad psicológica llamada paciente desde el lugar aséptico del investigador que además no interfiere para no contaminar la medición. Esto es, se mantiene la dualidad sujeto/objeto. Pero en el enfoque humanista, la relación personal terapeuta-paciente es fundamental y por tanto la aplicación de cualquier test en condiciones evaluativamente correctas sería inviable. Así que en la terapia gestalt este modelo de evaluación resulta, con matices, inadecuado por incoherencia filosófica, teórica y técnica con el encuadre humanista y en concreto con el principio de contacto terapeuta-paciente. Sin embargo, los tests tienen su espacio en el marco gestáltico en función de la actitud que tome el terapeuta y de variables como el encuadre, la directividad o el uso de otras técnicas instrumentales por citar algunos factores. De hecho, hay una serie de tests evaluativos propios de la psicología de la gestalt, como el de cierre gestáltico de Kaufman, el de figura-fondo de Frostig o el de función integradora de Bender. Los mencionaré brevemente. El de Kaufman forma parte de un conjunto mayor de tests enfocados a la evaluación de la inteligencia, en el marco de la psicología cognitiva y en concreto sobre los procesos mentales de carácter simultáneo. El de Frostig, un test infantil, está diseñado para el estudio del desarrollo de la percepción visual y la detección de retrasos asociados a las dificultades de aprendizaje. Explora aspectos como figura-fondo, constancia de formas, relaciones espaciales y otras de carácter configuracional. El de Bender procura evaluar la función gestáltica visomotora y detectar perturbaciones de diversos tipos. Estos tests, valiosos por su capacidad diagnóstica, son poco útiles en la terapia gestaltica. Pero podemos encontrar otros más cercanos a la práctica psicoterapeútica como el de evaluación de la personalidad de H. Salama a través del ciclo de la experiencia formulado por J. Zinker . Este test consta de cuarenta preguntas de autoidentidad que se responden sí/no y que permiten la evaluación personal teniendo en cuenta que tales respuestas correlacionan con fases del ciclo de la experiencia. Esto es equivalente a saber en qué fase se encuentra el paciente y por tanto qué bloqueos tiene en el continuo del ciclo. Así, estamos evaluando también sus mecanismos defensivos predominantes, las capas de profundización en la neurosis, polaridades predominantes, organizadores cognitivos, temores, actitudes, necesidades básicas, y tendencia psicopatológica. El contenido del test es de aplicación inmediata a la terapia gestaltica, nos da una lectura directa del concepto gestáltico de ciclo, y el cómo se aplique le dará otra dimensión relacional a la que me referiré más adelante al considerar otros cuestionarios. En esta misma modalidad de cuestionarios encontramos otros que no están tratados matemáticamente para asentar su validez. Uno de ellos es el de evaluación de metas del facilitador de grupos de Castanedo. Es una escala de autoevaluación en que uno se puntúa en una serie de habilidades para enfocar las dimensiones de atender al proceso dinámico grupal, al ciclo de la experiencia en el grupo, al empleo del tiempo, a la puesta en práctica de capacidades personales, y a la relación con otro/s co-facilitadores del trabajo grupal. El cuestionario se completa con algunas preguntas de reflexión a partir de la escala. En esta comunicación pretendo sólo mencionar algunos ejemplos de tests con denominación gestaltica, sin animo de hacer un recopilatorio exhaustivo. Supongo que existen en la práctica gestaltica más tests validados y sobre todo cuestionarios de puntuación directa sobre diversos temas, escalas de reflexión y de autoevaluación. Yo personalmente, aparte de haber usado en alguna ocasión los mencionados, utilizo con frecuencia algunos tests como el de los Colores de Lüscher, el de Valores de Hartman, el de Personalidad de Eysenck, el de la Escalera de Alicia de Cañellas, el de Tipos de Jung y algunos otros en menor medida. También recurro en ocasiones a cuestionarios no validados como el de situaciones vitales stressantes, el de rasgos emocionales de Schaeffer, algunas escalas de uso del dinero, algunos inventarios de preguntas sobre la ansiedad a la perdida y la muerte, inventarios de rasgos de personalidad, sobre la sexualidad y sobre otros aspectos importantes de la vida que suelen motivar a venir a la consulta. Lo que quiero plantear aquí es la importancia del cómo en la aplicación de los tests. Al margen de su utilidad de medición o categorización, pueden convertirse en un instrumento de intercambio entre terapeuta y paciente, de diálogo facilitado por este objeto, el test, que media la relación hasta que vayan estableciéndo el contacto directo. Voy a describir como utilizo algunos tests con la intención de ejemplificar esto. Lo fundamental de lo que quiero exponer es que el test lo utilizo en la misma sesión de terapia, más allá de darselo al paciente para que lo realice y posteriormente devolver los resultados. Para mí, tomado como ejercicio o propuesta, es parte del conjunto de recursos terapeúticos integrados en el marco gestáltico. He de de aclarar que el uso de tests en la consulta no es mi regla general pero que a veces me ayudan puntualmente en algún momento del proceso, normalmente en los comienzos, o para simplificar la terapia con algunos pacientes que quizá no podrían afrontar una relación directa o que lo harían a base de muchas sesiones, con una enorme carga de ansiedad sin beneficio terapeútico y a veces quizá corriendo un riesgo innecesario de abandono prematuro de la terapia por sentirse abrumados. También suelo usarlos con pacientes que acuden a psicoterapia desde una actitud de enfermos y buscando al terapeuta que se ajuste al modelo médico, con el "dime qué me pasa y cúrame". En estos casos a veces frustro esta demanda aportando la realidad de mi intervención de ayuda y acompañamiento; pero en otros me acerco al paciente de la manera que espera hasta ir entrando en confianza y poder confrontar su falta de responsabilidad y dependencia. El trabajo con los tests me permite una progresiva devolución de cómo es el paciente, enfocando y concentrando su darse cuenta en sí mismo y no tanto en lo que le pasa o en sus proyecciones a los demás. Y en todo esto, el test es una ayuda. Describo a continuación el uso que hago de algunos tests, de tipos diferentes, que me parece ilustrarán cómo los utilizo en la práctica. Por ejemplo el de colores de Luscher consiste en elegir preferencias en una serie de tarjetas de colores. Luego se hacen unas puntuaciones de correllaciones en el orden escogido y se interpreta conforme al manual. Suelo usarlo con pacientes a los que les resulta muy difícil hablar de lo que les ocurre o que no tienen capacidad de autoreflexión. Normalmente procuro que el paciente elija los colores de seguido sin interferencia mía pero luego, en la devolución de los resultados no recurrro ni al informe ni a la exposición de resultados que sería lo propio del test aplicado en psicología clínica, sino a una lectura compartida de un breviario de interpretación en que vamos charlando pausadamente de cómo es el paciente. Algo así como "aquí dice que... ¿cómo te ves tú?". Esto normalmente nos lleva varias sesiones. Es decir, la devolución de resultados se convierte en sesión de terapia en que el paciente va hablando de sí conforme a algunas propuestas de exploración que le voy haciendo y que en conjunto es un darse cuenta de su manera de ser. El test deja así de ser algo impersonal para convertirse en un juego, y el realizarlo en una experiencia lúdica, o de diálogo, o de compartir la intimidad. Con el de valores de Hartman ocurre algo similar aunque el procedimiento es diferente. Consiste en dar preferencia de valor a varias frases, asignando un número de orden. Después se trata matemáticamente y se interpretan los resultados. En este caso doy mucha importancia a cómo realizar la prueba y la convierto en un ejercicio de discriminación y de atribucíón de valor. Una vez realizada la prueba charlamos detenidamente sobre el proceso cognitivo de realizarla, de claridad en lo que es bueno, malo o indiferente, de aquellas frases que más le impactan o llaman la atención, etc. En sesiones siguientes suelo tener la prueba analizada delante y en vez de devolver resultados voy preguntando por aquellos factores significativos, correlaciones y configuraciones que me parece conveniente abordar en el momento del proceso terapeútico. Así facilito la capacidad reflexiva, la introspección, sensibilizo los mecanismos defensivos y en muchas ocasiones la lectura de un solo factor desenvuelve una gestalt completa a la que dedico la sesión entera. En algunas ocasiones, principalmente con pacientes nuevos, he complementado esta prueba con otras como los cuestionarios SPV y SIV de valores personales e interpersonales respectivamente. También recurro muchas veces a mapas de valores de formulación libre por el propio sujeto. Empezamos con listas que en sesiones sucesivas vamos ampliando y configurando espacialmente, incluso dandoles color, forma, textura, etc. Este metodo me viene muy bien con pacientes cerrados verbalmente, o excesivamente racionales. De esta manera vamos creando el espacio psíquico compartido y entrenando la capacidad de verbalización, haciendo un simple ejercicio de escucha atenta y devolución directa para fomentar la toma de conciencia y responsabilización de lo expresado. El test de la Escalera de Alicia tiene otras posibilidades. Consiste en elegir, según el momento existencial presente, una de diez láminas que representan escaleras y responder a algunas preguntas. Esta prueba es muy sencilla de hacer y normalmente la uso con pacientes muy reticentes a la conversación, o preverbales o muy lógicos o muy sensibles. También periódicamente con pacientes de proceso y como referiré después, en el marco grupal. La elección y las respuestas tienen una interpretación simbólica validada que normalmente no desvelo sino que recurro al "qué te dice a ti". Es decir, simplemente nos movemos en la proyección y respetando este mecanismo trabajo desde esa posición de seguridad que facilita que nos vayamos conociendo hasta donde el paciente quiere y espero a que se vaya abriendo y compartiendo de forma indirecta sus conflictos. El juego habitual es primero hablar de la escalera, para luego "como si" tu fueras la escalera y luego para que me hables de tí en primera persona. Este test permite con mucha facilidad solventar resistencias iniciales a las preguntas directas y a contar la propia vida que después sale sóla con la asociacióna a la escalera y que además lleva con rapidez a situaciones pendientes o interrupciones de ciclos vitales. En esta prueba me permito además todo tipo de licencias creativas que no están protocolizadas en la metodología original de aplicación del test. Uno de sus creadores es amigo mío y sé que no le importa, además de que le gusta que le cuente como juego con su test. Así que muchas veces propongo a mi paciente que elija no una, sino varias escaleras, o que ordene todas por preferencias, o les ponga nombres, o les asocie colores u otras cualidades, o asigne una a cada etapa de su vida y a sus espectativas de futuro, o para otras personas o grupos relevantes, u otras ocurrencias que voy teniendo espontáneamente. Incluso dispongo de fotocopias en papel que utilizo para que el paciente las coloree y vamos mientras hablando. Esta prueba es mi preferida en su aplicación colectiva y de hecho es la base para un taller que denomino "La Escalera de Alicia. Gestalt Existencial" y que realizo en su versión demostrativa en este mismo congreso. La dinámica grupal que se despliega es muy rica al poder compartirse la elección con otros participantes, explorar polaridades, evitaciones, y otros aspectos del grupo. En el caso de la experiencia grupal, es muy clara la diferencia entre la utilidad evaluativa y su potencial como experimento gestáltico. Yo lo he utilizado grupalmente en diversos contextos: en su propio taller monográfico sobre el momento personal y existencial, dentro de talleres de gestalt como una propuesta de experiencia junto a otras, e incluso en mi programa intensivo de trabajo sobre El Viaje Mítico enfocado a la creatividad y la mitología personal y grupal. En este último he introducido recientemente la utilización del test para dar forma y contenido terapeúticos al símbolo de la escalera, presente en muchos mitos y con una función de apertura y cierre en la propuesta de trabajo con simulación y fantasía, núcleo metodológico de este programa. Así que, este caso de test es un ejemplo claro de cómo el pasar del test psicológico a la experiencia gestaltica. Del grupo de los cuestionarios e inventarios, lo habitual en la práctica psicológica es entregarlos al paciente, que los rellene y luego se puntúan extrayendo las conclusiones pertinentes. Yo suelo leer a mi paciente cada item y charlamos sobre el asunto el tiempo necesario. En algunos items la respuesta es breve y en otros nos extendemos si emerge algún material importante. En esto dejo al paciente que marque su ritmo. Normalmente mediante escucha y devolución vamos explorando aquellas areas problemáticas, bien porque es el motivo inicial de consulta o porque en los primeros meses de terapia veo dificultades para que el paciente concrete, sin pasar de un tema a otro, frustrando suavemente sus evitaciones y facilitandole que se concentre. Aunque quizá parezca que me centro en el uso del cuestionario, la mayoría de las veces no acabamos de completar las preguntas y eso que no suelen pasar de los veinte o cuarenta items. Quiero resaltar con esto que es sólo un instrumento facilitador, un tránsito, una propuesta que permite entrar a otro plano de experiencias personales y de comunicación y contacto. Una vez llegados a la otra orilla, dejamos la barca. Quiero terminar apuntando otras líneas de desarrollo de esta idea de los tests como propuestas de trabajo gestáltico. En este caso me refiero a otros instrumentos menos tipificados como tests. Al menos no se consideran así en el campo de la psicología. Me refiero por ejemplo a tests musculares, mediante ejercicios o movimientos sacados de la neurología, kinesiología, y otras prácticas terapeúticas corporales. Son tests en esas disciplinas aunque no lo sean en la psicología. También a la proyección en imágenes arquetípicas como las del tarot, de los imaginarios míticos, y de diversos sistemas organizados de símbolos. Otro ejemplo es el de las experiencias típicamente gestálticas del darse cuenta, como los clásicos ejercicios con fantasías como la del rosal, de la montaña, el espejo, etc que experiencialmente se instrumentalizan en la fantasía semiguiada, la expresión escrita o pictórica y su posterior significación. Y en general, cualquier propuesta, sugerencia o experimento que permita por una parte la tipificación, categorización, evaluación o interpretación y que al tiempo sean factibles del darse cuenta por el propio paciente y en contacto con el terapeuta. Espero con esto haber contribuído a integrar partes rechazadas del quehacer terapeútico de algunos psicólogos que como yo, sin renunciar a la elaboración teórica y a la investigación, hemos optado por el experiencialismo ateórico de la gestalt. Y esto, aceptando la utilización de instrumentos terapeúticos además de nuestra propia persona y de instrumentos evaluativos además de nuestra propia intuición creativa.
JUAN JOSÉ DÍAZ |
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