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YOA Hola soy un guerrero,
mi nombre es BANOK aunque me llaman ENOK. En realidad se que
estoy aquí, pero no se exactamente a dónde voy, ni a que voy, ni recuerdo
muy bien quien soy. Sólo se que tengo un
libro con muchos dibujos, una pócima, el poder de interpretar señales
del camino gracias a un hechizo, un anillo y un colgante. Hace poco caí en un
agujero muy profundo. Era oscuro, frío, muy estrecho. Tuve angustia,
nadie estaba cerca. Cogí un gran golpe en la cabeza y mi cuerpo estaba
dañado. En el fondo del abismo me encontró un señor que no me inspiraba
confianza. Me dijo que se llamaba Mago Azul y me dio el libro y la
pócima. Luego me dijo: -
ENOK, toma y lleva siempre contigo esta pócima. Te hará
fuerte ante la angustia, tristeza, ira, y te ayudara a enfrentarte
a la eterna duda. Con esto y con las fuerzas que te quedan, podrás
salir de estos acantilados. Toma este libro de la sabiduría, cuando
abandones mi casa te ayudará en el camino. Yo me quedé asustado
y no quise aceptarle, pero él me obligó. Así empecé a subir
por la pared lisa y vertical y a medio camino me encontré con una
cueva. Ya vislumbraba la luz. De la cueva se me presento una mujer
vestida de blanco: -
no te asustes ENOK, soy BERA la bruja blanca, cuando caías
nos vimos y te hechicé para que algún día pudieras salir. Veo que
has estado con el Mago Azul, el señor del abismo. He sabido porque
he visto que llevas la pócima. Yo te voy a dar este anillo que cuando
te lo pongas te dará confianza y este colgante que lleva un ágata
para encontrar el equilibrio. Ahora aquí a mi lado me
acompaña mi querida KIE, un águila imperial. Es mi aliada y me trae
las armas que perdí en el camino. Desde la última caída
en un agujero he caminado durante casi doce meses. Y en este tiempo
KIE me ha traído muchas de las armas que me faltan desde el segundo
agujero. Es decir desde el segundo que conocí a BERA y el Mago Azul.
Después de que anduviera dos años sin rumbo pero feliz, unas veces
por un camino y otras por otro, cambiando de senderos y conociendo
muchos lugares, un día se me presentó una bifurcación (¿o había más
caminos? ) No recuerdo bien pero yo me acuerdo de que no sabía por
donde seguir y que ya no quería quedarme allá. El cruce me era familiar
y se parecía al que había antes de que cayera en el primer agujero. Por eso decidí coger
el camino más diferente del que opté la primera vez. En ese momento apareció
BERA la blanca y me dijo que ya no me era necesario el frasco. Titubee largo rato.
Después lo arroje en acto de valentía y reto. El frasco estalló contra
el camino y oí una voz que parecía del Mago: -
ENOK, QUE HAS HECHO!! En ese mismo instante
empezó a desaparecer todo lo que me rodeaba y antes de que pudiera
dar un salto hacia atrás sucumbí en el agujero. Ahora, tengo más ganas
que nunca de continuar el camino, no estoy cansado, pero no sé hacia
donde quiero ir y mucho me temo que pronto se me aparecerá un cruce
de más de un camino, por eso voy despacio y me detengo a ver el paisaje,
a comer... En este momento precisamente me he sentado debajo de un
haya. KIE ha posado al lado mío para ver el libro que he sacado una
vez más. He abierto el libro
en cada página hay una doncella: a la izquierda MARI es fea y gorda
pero parece buena y simpática, tiene una bonita sonrisa. A la derecha
LAMI, morena, de pelo largo y liso y esbelta pero parece fría y débil.
A mi me atraen las dos. KIE me ha dicho: “iiiee,
iiiee”, ahora mira fijamente y yo le he asentado con la cabeza: -
KIE quiero saber si he topado con estas dos mujeres y
si perdí algún arma cerca de ellas. -
Esta bien ENOK, pero espérame aquí hasta que vuelva. Me
ha parecido que a unas millas hay varios senderos. -
KIE, en ésta vas más allá del agujero en que caí por primera
vez, no recuerdo bien que quedó atrás. Ten cuidado con los cazadores.
Te dejo este anillo y esta ágata. Vuelve por favor. Como
me ha pedido ENOK he partido camino atrás a ver si mi vista me ayuda
a encontrar algún arma que le ayude en su viaje. Hace buen tiempo,
aunque hay algunas nubes el sol brilla y el aire es el adecuado para
volar. Casi no necesito aletear. Casi sin darme cuenta,
he dejado atrás el segundo agujero donde cayó ENOK. Voy volando tranquilamente,
con calma. Eso si, estoy cansado, planeo. Digo que he sobrevolado,
casi sin darme cuenta, el abismo de la confianza porqué ha sido breve
la lucha que he tenido con el fuego que salía desde el fondo del abismo. Al principio me ha
alzado muy alto por el calor que desprendía y he pensado: “¡Qué bien!
Podré volar a más velocidad y más lejos. Así volveré antes. Inesperadamente el
calor se ha vuelto frío y he perdido el equilibrio, así que he caído
en picado, dando vueltas hasta unos metros más abajo que la boca del
abismo. Para cuando me he puesto
el colgante de ágata para poder empezar otra vez a volar ha sido demasiado
tarde, he estado rodeado de grandes y lisas paredes y el espacio que
he tenido alrededor ha sido demasiado estrecho para poder ascender
describiendo círculos. La caída me ha parecido que no acababa y no
puedo fracasar en mi misión pues soy de palabra y fiel a mi amo. O
sea que rápidamente he echado garra del anillo y me lo he puesto en
el dedo de la garra izquierda. Así, me ha venido la idea de: “si
una vez a lanzado fuego el señor del abismo, ¿porqué no una segunda
vez?”, claro que si lanzara su llama yo ardería y moriría de igual
manera lógicamente. Pero yo no he sentido miedo alguno, ya llevaba
puesto el anillo. Efectivamente ha arrojado
por segunda vez las llamas del interior, entonces he aprovechado los
huecos de las llamas y sorteándolas hábilmente, haciendo uso del calor
he ascendido otra vez arriba, pero esta vez he salido del trayecto
de la columna de fuego y antes de llegar otra vez a las frías alturas
del cielo. Ahora estoy exhausto
y vuelo sin fuerzas y sin gastar mucha energía. En calma. ¡Ala! ¡Ahora me doy
cuenta!, ¡el anillo no lo llevo puesto! O se ha quemado o se me ha
caído. En el primer caso yo he adquirido su poder, en el segundo el
anillo nunca lo tuvo y yo ya tenía el poder. La cosa es que ahora
se que no necesito de la magia del anillo para tener confianza en
mi mismo. Ya le puedo llevar
a mi amo el arma que una vez perdió en el camino entre el calor y
el frío, las dos doncellas MARI y LAMI. Después de que descanse un
poco en aquel acantilado, y me alimente de alguna culebra, roedor
o carroña, debo volver y volveré donde mi ENOK para transferirle esta
valiosa arma que le ayudara a escoger el rumbo para seguir el camino.
Así estará más cerca de que la gente que se cruza en su camino le
empiece a llamarle BANOK. Así se llamara al partir el viaje. |
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