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GORBELL Y LA ESPESA NUBE NEGRA Y LLUVIOSA Por Gorbell el enano Hola, me llamo Gorbell y soy un enano muy habilidoso. Tengo
12 años y vivo en Dastia, una pequeña y preciosa ciudad a la orilla
del mar. Mis padres son Yalma y Deo, dos enanos buenos y tristes. Desde hace un tiempo tengo una extraña sensación. Me he dado
cuenta de que una pequeña y espesa nube negra nos persigue a mis padres
y a mí donde quiera que vayamos. Con esa nube siempre encima resulta
que ninguno de los tres tenemos sombra. Si, ya sé que parece imposible
pero aunque nadie se ha dado cuenta hasta ahora y la nube solo la
vemos nosotros, el caso es que no tenemos sombra, así que no pongas
cara rara y creételo. Cada vez que busco el sol no puedo verlo. La
nube me lo impide. En principio no es que me importe mucho pero me
agobia tener esa especie de tapadera encima. Vivir sin sombra fue difícil al principio, pero ya me he acostumbrado,
aunque no es lo mismo. Ahora no puedo ir a jugar con los otros niños
a pisarnos la sombra, y yo era un fiera pisando sombras a los demás. Recuerdo la primera vez que vi la nube. Era invierno y se organizó
un desfile de niños en la ciudad. Sus participantes vestían unos trajes
de colores alegres y vistosos. Aquello parecía divertido. -
Yo quiero ir al desfile - Les dije a mis
padres entusiasmado Me vistieron con uno de aquellos trajes de colores y un gorro
puntiagudo. Qué chulo iba yo. Al iniciarse el desfile vi a la nube cernirse sobre mí y me
entró miedo ¿Qué dirían los demás al ver que no tenía sombra? Sentí
pánico. -
Ya no quiero desfilar. Quiero irme a casa.
- Les grité asustado. Ahora la nube nos cubría a los tres y la oscuridad
bajo ella era casi absoluta. Desde aquel día la nube ya no desapareció y mi vida se hizo
triste y lluviosa. Esa es otra, de cuando en cuando a la nube le da
por soltar un chubasco que solo nos moja a nosotros, mientras los
demás están al sol tan ricamente. Como las cosas siempre pueden empeorar, una mañana la nube
se transformó en una espesa niebla que envolvió a mis padres y desaparecieron.
Me quedé solo. He intentado mirar fijamente a la nube para ver si
reconozco los rostros de mis padres pero ha sido inútil. Ayer llegó una caravana de druidas a la ciudad. Se dirigen
al desierto de Akan, donde nunca ha llovido y donde jamás una nube
ha surcado su cielo. He decidido unirme a ellos e intentar atravesar
ese desierto. Quizás allí la nube se asuste y deje de darme la vara. Al amanecer veo a la caravana de druidas partir de la ciudad.
Me acerco a un anciano que parece guiar a la comitiva y le pregunto: -
¿Puedo unirme a vosotros? -
Habrás de responde a una pregunta - Me contesta
el anciano druida sin levantar la voz -
De acuerdo -
¿Sientes pena por marcharte? - Me pregunta
mirándome a los ojos. -
No, pero no te preocupes por mí ¿Cuál es
la pregunta? - Respondo impaciente -
La pregunta era esa. Ven con nosotros Me uno a la caravana. Tengo miedo. ¿Y si el camino es largo?
¿Y si la nube no desaparece? ¿Y si no les caigo bien a los druidas?
Estoy asustado. Me coloco junto a un carromato y emprendo la marcha.
Intento pasar desapercibido. Miro a mi alrededor y no veo más que
druidas. Yo sé que soy un enano y además bastante especial porque
soy muy habilidoso, pero no hablo con nadie. Ya se darán cuenta. Prefiero
que lo descubran ellos. Al rato unos niños druidas se me acercan. -
Hola ¿Tú quien eres? - Me preguntan. -
Me llamo Gorbell, soy un enano - Les contesto. -
Nosotros somos druidas (¡ Vaya, no me había
fijado!). No tenemos nombre, para hablar con nosotros sólo tienes
que mirarnos a los ojos - Me explica uno de ellos - ¿Porqué vienes
con nosotros? -
Porque quiero recuperar mi sombra -
¿Tú no
tienes sombra? - Exclaman asombrados - ¿Y cómo puedes vivir
así? ¿No puedes jugar a pisarte la sombra? -
No, no puedo - Contesto de mala gana. Me
está empezando a cansar tanta atención en mi persona - Ya estoy acostumbrado. El camino es largo. Atravesamos llanuras, montañas y bosques.
La nube sigue sobre mi cabeza
espesa, negra y lluviosa. Me siento un poco raro entre tanto druida. Se lo piensan todo
mucho y andan todo el día entre pócimas y sortilegios. La verdad es
que son más espesos que un bocata de Cola-Cao. Como soy un enano habilidoso aprovecho para organizar la carga
de la caravana y arreglar un par de ruedas averiadas. Nadie parece
fijarse en mí a pesar del ser el único enano y ser muy especial. No
quiero fardar así que nunca inicio una conversación. Si quieren algo
de mí que me busquen. Los días pasan fatigosamente. Por fin tras un paso de montaña
escarpado y peligroso ascendemos a
una inmensa y árida llanura. -
El desierto de Akan - Me señala el anciano
druida con su cayado. El cielo es de un azul nítido e intenso. No hay una sola nube,
salvo la mía pequeña y oscura que solo yo veo. Nos adentramos entre las arenas del desierto. De repente
una enorme gaviota blanca y gris nos sobrevuela y termina posándose
en el cayado del anciano druida. -
¡¡Eh, tu, enano!! - Me grita la gaviota
- ¿Porqué tienes una nube sobre ti? -
¿Qué nube? - Me hago el loco a ver si cuela. -
A mi no me engañas. Hay una nube espesa,
negra y lluviosa sobre ti y no tienes sombra. La nube te tapa del
sol. - Responde muy seria la gaviota. El resto de los druidas, que me rodean, se apartan de mi espantados. -
Vale, tengo una nube encima y no tengo sombra
¿Y qué? - Contesto un poco cabreado ya con esta historia. -
Si queréis atravesar el desierto - Les explica
la gaviota a los druidas - El enano deberá contestar a una pregunta. -
Ya estamos otra vez con la misma murga...
¿Porqué hay que andar siempre contestando preguntas y pasando pruebas
para poder vivir? Bueno, ¿Qué
quieres saber? -
Yo no quiero preguntar, pero tu deberás
querer responder para poder entrar en el desierto de Akan... A todo
esto ¿Sientes pena por haberte marchado y haber dejado a tus padres? -
¿Pero que os pasa a todos con la pena? ¿Porqué
habría de sentirla? Mis padres
son unos tristes y tienen una nube negra encima que yo he heredado.
No, no he sentido pena. ¿Cuál es la famosa pregunta para acceder al
desierto? -
Esa era la pregunta - La gaviota salta del
cayado del druida y remonta el vuelo mientras exclama - Druidas, podéis
continuar el viaje por el desierto con el enano, pero recordad que
las cosas aquí son muy diferentes a lo que vosotros conocéis La caravana continua su camino. El sol en lo alto gira sobre su cenit sin caer hacia el horizonte.
Ahora la caravana tampoco tiene sombra y una extraña sensación de
que algo va a pasar me revolotea en el estómago. De pronto tras unas dunas vemos a unos niños del desierto que
juegan al fútbol descalzos. A juzgar por sus gritos y risas se lo
están pasando bomba. -
¿Podemos jugar? - Preguntan los niños druidas
ansiosos. -
¡ Claro! - Contesta uno de ellos - Tenemos
todo el día para jugar. -
Oye - Pregunto un poco mosca - ¿Aquí cuanto
dura un día? -
No lo sé - Responde el niño del desierto
- Depende del sol. Unas veces se hace de noche pronto otras el día
dura dos semanas ¿Porqué? ¿Importa mucho? -
Por nada, por nada - Respondo sin saber
qué decir. -
¡¡Eh, tú!! ¡¡Si, tú el enano de la nube!!
- Me grita uno de los mayores - Tú jugarás con nosotros. -
¿Puedes ver la nube? - Respondo asombrado -
Como para no verla tío, pero si es enorme
- Contesta sonriendo - Espero que no te moleste para jugar. Empieza el partido. Los niños del desierto y yo jugamos contra
los druidas. La caravana sigue avanzando por el desierto y se pierde
entre las dunas. Como soy un enano habilidoso, juego muy bien al fútbol
y los niños del desierto están encantados conmigo. Jugamos y jugamos.
El tiempo se ha detenido. Hace rato que he perdido el miedo. La tristeza
también ha desaparecido. Ahora el sol va cayendo hacia las montañas
del horizonte. -
¡¡Empate a 298!! - Grita un niño - ¡¡El
que meta el siguiente gol ganará el partido!! -
¡¡Vale!! - Gritamos todos a coro. Me abstraigo de todo y corro, juego, driblo y sigo corriendo.
Estoy bañado en sudor y me siento bien. Hace tiempo que no veo a la
nube pero en el suelo mi sombra sigue sin aparecer. En algunos momentos
me entristezco al pensar que cuando alguien marque un gol el partido
terminará y la nube volverá. En un rechace de la defensa druida veo el balón por el aire
que se dirige hacia mi. El tiempo se detiene, mi respiración también.
No pienso en nada. El balón bota ante mi y de pronto lanzo un zurdazo
que, como un rayo, atraviesa el aire y se cuela por toda la escuadra
de la portería de los druidas. Durante unos segundos se hace el silencio.
Después miles de gargantas gritan alborozadas. Al menos a mi me parecen
que son miles. -
¡¡Vaya golazo!! - Gritan. Los niños del
desierto me rodean y me suben a hombros. Cientos de gaviotas vuelan sobre nosotros emitiendo sonoros
chillidos. Los niños druidas se alejan cabizbajos. -
¡¡Gorbell, Gorbell!! - Corean mis nuevos
compañeros Sobre la arena ardiente del desierto veo la sombra de todos
nosotros abrazados y reconozco la mía propia llevado a hombros con
los brazos en alto. Levanto la cabeza y miro al cielo justo a tiempo
para ver a mi nube negra alejarse hacia las montañas y difuminarse.
Me siento pleno de fuerza y energía. Un largo grito de júbilo sale
de mi garganta y las lágrimas se asoman a mis ojos. -
¡¡ Oye, enano, que no ha sido para tanto!!
- Me grita unos de los niños. Me abrazo a él y los demás se nos unen fundiéndonos todos en
un largo abrazo. -
Si vas a armar una así cada vez que metas
un gol a partir de mañana vas a jugar de portero - Bromea otro -
Parece que hacía mucho tiempo que no marcabas
un gol -
Vaya con el Beckham, ¿En tu ciudad no jugáis
al fútbol? Todos opinan y me preguntan cosas. Yo les abrazo y les doy
palmadas en la espalda. -
He de irme. He de volver a mi casa - Digo
apresuradamente sin contestar a sus preguntas - He de encontrar a
mis padres. -
Adiós. Cuando quieras volver a jugar, ya
sabes donde estamos -
Muchas gracias - Contesto e inicio el camino
de vuelta. Camino rápido siguiendo mi nueva sombra proyectada sobre la
arena. El sol permanece sobre el horizonte quieto y estático durante
tres días. Mi sombra me guía hacia la salida del desierto. Al cuarto día una nube de polvo aparece tras de mí. Me lo suponía.
Deben ser los adultos de Akan que ya conocen la historia de mi nube
y me buscan. Querrán quitarme la sombra para que aparezca otra vez
la nube negra y lluviosa. Una nube así debe ser muy preciada para
los adultos en este desierto. Corro cuanto puedo hacia el paso de las montañas. Al llegar,
sin pensarlo me lanzo al vacío. Caigo hacia las tierras bajas. No
tengo miedo. Una sensación placentera se apodera de mi. No sé lo que
va a pasar pero tampoco me importa mucho. Veo abajo los árboles y
la tierra verde. Justo antes de estrellarme contra el suelo mi sombra
se abomba como un paracaídas y tira de mis manos y pies. Quedo tendido
sobre la hierba mirando al cielo. El sol sigue sobre el horizonte
y mi sombra alargada yace sobre la hierba. Me incorporo, meto las
manos en los bolsillos y sigo caminando mientras silbo despreocupadamente. Llego a mi ciudad. Me dirijo directamente a la playa. Veo a
lo lejos a mis padres paseando por la orilla bajo su nube espesa,
negra y lluviosa. Tengo mariposas en el estómago. Me acerco a ellos. -
Hola ya he vuelto - Les digo sonriendo como
si nada. Ellos se dan la vuelta lentamente. Leo la tristeza en sus ojos. -
¿Dónde estabas? - Me preguntan sin tono -
Jugando al fútbol en el desierto - Les contesto
mientras veo que su nube se mueve y amenaza con extenderse sobre mi. -
¿ Cómo es que ahora tienes sombra? - Me
pregunta mi padre con un extraño brillo en los ojos. Miro a mi alrededor y veo a unos chavales descalzos junto a
una portería de fútbol que se preparan para jugar un partido. -
¿Me dejáis tirar una falta? - Les pregunto -
¡Vale! A que no la metes - Me retan Me alejo y coloco el balón en el medio del campo. -
¡¡Ja, ja!!, Ni siquiera vas a llegar - gritan los chavales Me vuelvo hacia mis padres y les digo: -
¿Qué como es que ahora tengo sombra? Mirad... El balón vuelve a colarse por la escuadra y la nube de mis
padres se aleja sobre la bahía y desaparece en el mar. FIN
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