REGRESO A LA ESENCIA

 

 

Hola. Soy la elfa Nahia y quiero contarte mi historia.

 

Soy originaria de una preciosa aldea rodeada de bosques maravillosos. Las casas que componen la aldea son blancas y muy luminosas, llenas de flores por todas partes. En ellas vivimos los elfos. En la mitad de la aldea se encuentra la gran casa de la Elfa Madre.

 

Recuerdo mi niñez con cierta añoranza. Recuerdo que en ese tiempo, me paso el día en los bosques que rodean la aldea con mis amigos los elfos. La naturaleza nos da vida. Allí jugamos y reímos, cantamos y bailamos todo el rato. Vivimos llenos de amor y sensaciones. Pero bueno, no es mi niñez lo que te quiero contar. Lo que quiero que conozcas es la historia de un viaje que emprendo en una edad muy cercana a mi primera juventud.

 

Recuerdo un día de verano en el que la Elfa Madre reclama mi presencia en su magnífica casa. Me dice que me ha sido encomendada una misión muy especial. Alcanzar la perfección. Esta misión consiste en lo siguiente:

 

Debo realizar un largo viaje que atraviesa la aldea de los enanos, la aldea de los guerreros y la aldea de los magos. Estas aldeas se encuentran bastante lejos de la nuestra. En ellas viven seres muy diferentes a nosotros. Mi objetivo últimos será adquirir los dones y la sabiduría de estos seres. Unido a mis dones, de esta forma, lograré ser completa y alcanzaré la perfección.

 

Debo reconocer que en aquel momento me siento muy halagada y feliz por haber sido elegida para tan difícil misión.

 

Preparo mi equipaje. Mi arco, mi mochila y mi mapa. Y es ahí donde comienza mi viaje.

 

Atravieso feliz los verdes bosques de los elfos, llenos de arroyos, árboles y flores. Poco a poco, el paisaje cambia y me adentro en una zona muy montañosa. Sigo caminando y caminando y por fin, en un valle, me encuentro con la aldea de los enanos.

 

Allí soy recibida por el rey de los enanos. Le cuento el objeto de mi misión. Él está de acuerdo en concederme sus dones, pero con una condición. He de renunciar a una de las cualidades más importantes de los elfos. El don de la música. Yo me siento desconcertada y temerosa. Pero sé que cuando vuelva a mi aldea, volveré a recuperar esa virtud. Además, estoy segura de que la Elfa Madre me protege en la distancia. Con lo cual, acepto la condición. Y me convierto en una elfa hábil y tenaz, como los enanos.

 

Continúo mi viaje hacia la aldea de los guerreros. De pronto soy consciente de que carezco de la capacidad de bailar y de cantar, de apreciar la música. Y una enorme tristeza invade todo mi cuerpo, todo mi ser. Sigo caminando, y voy entrando en un paraje llano y muy árido. Gracias a mi mapa sé que estoy llegando a la aldea de los guerreros.

 

Efectivamente, llego dicha aldea muy cansada y triste. Allí soy recibida por el guerrero jefe. Nuevamente le cuento el propósito de mi misión y él también accede a concederme sus dones a cambio de mi cualidad más querida. La capacidad de sentir emociones positivas. Llena de resignación, acepto su condición. Ahora soy una elfa valiente y fuerte como los guerreros, pero incapaz de cantar y de bailar. Y lo peor de todo, incapaz de sentir nada hermoso.

 

Comienzo a sentir un odio terrible hacia todos los seres del mundo. Incluso hacia la Elfa Madre. Pero mi viaje debe proseguir. Me paso días y días caminando, llena de odio, por parajes áridos. Pero poco a poco el paisaje comienza a cambiar nuevamente.

 

Y llego al fin a un lugar muy frío, totalmente helado, en el que se encuentra la aldea de los magos. Allí me recibe el mago supremo. Al igual que en las aldeas anteriores, él accede a mi petición  a cambio de la renuncia de mis sensaciones corporales. Totalmente desesperada, accedo a su condición. Por fin obtengo todos los dones de todos esos seres diferentes a mí.

 

Pero ahora soy una elfa llena de miedo y de angustia. Llena de odio y de tristeza. La vida se me hace insoportable y decido huir de allí. Consigo caminar a duras penas. Pero ya nada tiene sentido. No tengo ganas de vivir y me rindo. Caigo al suelo y me dejo morir.

 

No sé cuánto tiempo transcurre hasta que una mañana me despierto en casa de un ángel. Me quedo a vivir con él durante un tiempo y poco a poco voy recuperando fuerzas.

 

En ese periodo el ángel me va contando muchas cosas. Me cuenta que la perfección no existe, que es un engaño. También me cuenta que mi única salvación es volver a hallar mi esencia, mi verdadera naturaleza.

 

Sé que mi esencia se encuentra dentro de mí, pero para volver a recuperarla totalmente debo volver a mi origen. A la aldea de los elfos.

 

El ángel me da un anillo de poder para poder superar todos los obstáculos que me encuentre en el camino. Me despido del ángel y emprendo un largo viaje hacia el país de los elfos. Y éste es el punto donde me encuentro, realizando mi viaje de regreso.

 

Por el camino, de vez en cuando, me voy encontrando con viajeros de todo tipo. Guerreros, enanos, elfos o magos. Algunos me hacen compañía durante un tiempo. Otros pasan de largo. Pero poco a poco, empiezo a sentir emociones muy gratas con ellos. Siento que empiezo a recuperar mi esencia.

 

Sé que aún me espera un largo camino lleno de obstáculos. Pero estoy dispuesta a llegar hasta el final.

 

 

Nahia.