YO: LA MADRE QUE ME PARIÓ

 

 

Soy Luka. Así me llaman. Estoy embarcado en un largo viaje y en mis tiempos libres, que no son muchos, he decidido escribir mi historia. Para no olvidarla.

 

Soy hija de un poderoso Enano mercader de Oriente. La ciudad en la que nací, y he permanecido hasta no hace mucho tiempo, se llama Arzorán. La parte donde yo vivía era la zona alta residencial, protegida por murallas del resto de la ciudad. Aquí las normas sociales son muy estrictas. Cada familia tiene una función y un papel que cumplir, y a su vez, los componentes de cada familia, nos ocupamos de proteger el estatus familiar. Somos privilegiados de vivir dentro de las murallas de la ciudad, alrededor del palacio del Sha Enano de Cosmazistán. Nos protege su nombre y da valor a nuestros productos. Al Sha nadie le ha visto. Me pregunto si realmente existirá o es un palacio lleno de sirvientes y soldados que no sirven ni defienden a nada ni a nadie. Para ser enanos somos una raza alta, pues hace mucho que dejamos de trabajar las minas y nos dedicamos al comercio de sedas, joyas y especias.

 

En contra de la tradición, mi padre Halim solo tubo dos hijas. Mi hermana es mayor que yo. Mi padre se enamoró perdidamente de una viajera Elfa española. Al tiempo de nacer yo, ella siguió su viaje y nos dejó a mi hermana y a mí, con Halim. A mi padre no pareció importarle mucho, aun que no volvió a casarse jamás, y dicen que fui una bendición para su dolor. Celebraba mi nacimiento todos los meses. Me alzaba entre los comensales y gritaba ESTA ES MI HIJA AIZHA!! MIRADLA!! Y todos agitaban sus cuerpos riendo y bebiendo.

 

Lo que a mi más me gustaba de pequeña era bailar. Mi padre ordenó que me enseñaran a bailar. Al principio estaba encantada, pero mi padre quería que yo aprendiera para que durante las cenas de sus negocios, bailara delante de los compradores. Aprendí a baliar como en otros pueblos, para sí poder adaptarme a todos los mercaderes que vinieran. Cada vez era peor. Mi cuerpo fue madurando y el baile que tanto me había gustado y con el que tanto había disfrutado me hacía sentir sucia. Los hombres se excitaban al verme bailar, querían más. Tenía la sensación de que me compraban a mí, en vez de los productos de mi padre. A veces mi propio movimiento me excitaba y eso aun era peor, porque me gustaba.

 

Sobreviví gracias a la noche. Desde que cumplí siete años, ella me ocultaba en sus sombras y podía escaparme al puerto. El puerto era oscuro, ausente de colores vivos, y sucio, de intensos olores. Se diría que no era un lugar atractivo. Para mí está lleno de vida. Allí llegan decenas de barcos de diferentes lugares.

 

Me disfrazaba de muchacho, y así podía escabullirme fácilmente. Oía hablar de otras gentes, culturas, razas, lugares y sobre todo oía hablar de otras formas de vida. Cuando bailaba ante mi padre y los comerciantes, utilizaba estas historias para poder evitar lo que me estaba sucediendo. En el puerto había muchas peleas. Aunque enana, comparada con los hombre no soy tan fuerte, así que tuve que desarrollar otros recursos, como la agilidad, la rapidez y la destreza, sobre todo para escabullirme.

 

Mi única compañía era yo misma. Yo y la bailarina, yo y el muchacho, yo y la hija, yo y la seductora, yo y el personaje que interpretaba. Mi propósito en este viaje es terminar el puzzle en el que me he convertido.

 

Una noche, en el puerto, estaba contando a un viejo italiano llamado Luca (de aquí mi nombre) historias y aventuras que había oído a otros viajeros. Las relataba como si yo misma las hubiera vivido, las había hecho mías y si en ese mismo instante me hubieran preguntado si había viajado alguna vez, hubiera contestado sin ninguna duda que sí.  Sin embargo el me preguntó:

 

-         ¿Y tu? ¿Cuando vas a coger tu barco?

 

Eludí la respuesta con algún extraño argumento.

 

Pasaron los días y cuando vi a Luca. Sin saber por qué, le pregunte si conocía algún barco que fuera a zarpar. Me habló de un barco español no muy grande pero interesante. Decidí viajar. Me he enrolado en un barco vestido de muchacho y con el nombre de Luka.

 

No llevo mucho tiempo en este barco, solo unos meses. Suficientes para sentir mi frialdad y falta de compromiso. En el barco somos pocos y cada uno hace de todo, aunque algunas funciones están definidas. Yo limpio y barro. Pescar, pescamos todos. La convivencia es difícil. El roce, y sobre todo confiar en los tripulantes del barco mientras oculto mi verdadera identidad, me crea mucha tensión y desconfianza.

 

Me muevo para evitar el conflicto, no deseo que nadie descubra que soy una mujer. La verdad, es como en la ciudad. Estoy sola, hago lo que me piden mientras miro las estrellas imaginando historias que me contaron y me podrían pasar. Viajar no es lo que yo pensaba. Llevamos meses sin atrancar en ningún puerto. Al principio todos tenían cuidado conmigo por que era nuevo, pero ahora estamos todos muy cansados y nerviosos. Estoy aburrida de estar en este barco, tengo ganas de caminar por tierra e ir sola, ser una mujer. Pararme si encuentro algo de interés y  seguir si no es así.

 

Hemos atracado en un puerto en el que me han hablado de el Castillo del Caos. Me parece interesante, así que decido viajar al Castillo. En el camino me he encontrado con otras tres viajeras una hechicera llamada Shana, una guerrera llamada Lunei y la elfa Carolinda. Nos hemos contado nuestras historias y hemos decidido entrar juntas al Castillo.

 

Esto es un infierno. El Castillo está deshabitado, nos hemos perdido, solo estamos nosotras, no lo conozco y esto me impide escabullirme. Soy rígida, intento controlar a mis compañeras, me irrito si no hacen lo que digo que debemos hacer para que las cosas salgan bien. Me parecen estúpidas y aburridas. Siento ansias de ser yo quien encuentre la salida para demostrarles lo buena que soy. “¿Que me está pasando? ¡Yo no soy así!. Ellas tienen la culpa de este Caos.”

 

Cada vez nos peleamos y gritamos más. Sin darnos cuenta un enorme agujero negro crece a nuestro alrededor. Finalmente, el agujero negro nos engulle una a una. Es el Gran Caos y susurra unas palabras.

 

Escucho lo que me dice. El Gran Caos me habla de mi madre, me dice que mi madre se halla en una ciudad Elfica y me cuenta que mi madre es rígida, intenta controlar a quien se le acerca y desea atraparlos para no sentirse sola. 

-         ¿Qué conoces tu de TU MADRE?- me pregunta.

-         Nada. – contesto. Pero mi barbilla se mete hacia adentro, hasta tocar las clavículas como si con ese gesto pudiera ver mi pecho por dentro. Mi cuello me tira y apenas puedo respirar. “yo sí soy así” me siento decir. Percibo en el cuello un dolor punzante. Yo soy MI MADRE.

 

 

Todo queda en silencio y oscuro. No hay nada.

 

 

 

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Estamos fuera del Castillo. Todas transformadas. Yo tengo una cajita con un puzzle con una nota que dice “cada vez que me mires, la piezas se unirán y veras el camino”. Nos despedimos.

 

Soy una enana viajera con ganas de descubrir la verdad, sea la que sea. Siento miedo, pues parto sola de este Castillo, y temo no encontrar a nadie que quiera acompañarme por ser rígida, orgullosa, estridente, manipuladora, retorcida, celosa, posesiva, controladora y rencorosa. Me siento tan triste y tan cansada de luchar contra mi madre.

 

 Ahora, voy por el bosque hacia la Ciudad élfica Berdorfín donde vive mi madre.

 

 

  

                           Ayzha