EL GRAN CASTIGO

 

Soy una maga delgada y desnutrida. Vivo en un castillo fantasma de piedra, con altos techos y grandes estancias.

 

Esta tierra no me gusta. El clima es frío, el suelo es árido y es difícil encontrar comida. He decidido migrar al sur, donde la tierra es cálida y fértil.

 

De pequeña era una maguita muy movida, probaba hechizos a deshoras y mi madre siempre me decía.

 

-  Me vas a volver loca.

 

Fui creciendo y a mi familia, cada vez le gustaba menos. Al final , muy discretamente, cuando solo tenía 7 años me echaron de casa. En la aldea nadie me recogió, pues decían que era una niña muy sucia y desordenada. Vine a este castillo. Desde entonces vivo sola.

 

Las personas aquí son cerradas y austeras. Palabras como amor son consideradas ridículas y horteras, lo que les vale son palabras como moral y normas, desde el bien y el mal. Y lo más importante es ser limpia y ordenada. Las banderas de la nación ondean en las calles. Aquí no gustan los extraños. Dicen que son sucios y desordenados (como yo) “gente rara, anormales”.

 

Hace un par de años abrieron una posada para viajeros cerca de mi castillo. Por esto sé que las tierras del sur son calurosas, sus habitantes sudan, se besan, bailan con pasión y aman con ardor. Esto es lo que busco, el ardor de las tierras del sur.

 

Me cuesta partir, tengo casi todo recogido para marchar. Me siento triste al pensar en dejar estas tierras, aún sabiendo que no me quieren.

 

Hará un año que lleva viniendo una paloma por las mañanas a cantarme su currucucú. Me cuenta la leyenda de alguien que perdió a su amada y que tanto la quería que hasta en su muerte la fue llamando. Sé que nunca volveré.

 

Estoy en la Taberna del viajero.

 

-  Tú! Tú no eres una maga ¿para qué te disfrazas de maga si eres una guerrera?- me dice el tabernero.

-  Porque he nacido aquí y siempre estoy pensando en lo que está bien y esta mal. –contesto, mientras pienso “¿pero que dice este?”.

-  ¿pero quieres seguir haciéndolo?- me ha vuelto a preguntar.

-  No – le contesto.

-  Entonces ¿qué coño haces?- y ha dado por concluida la conversación.

 

No he vuelto al castillo. No llevo nada. Ya he descubierto por qué no me quieren los magos, porque soy una guerrera. Dorka la guerrera.

 

Mientras camino recuerdo mi infancia. Recuerdo cuando pasaba por la plaza del pueblo, los niños de mi edad y sus madres me llamaban cochina y guarra. Yo no entendía. Ahora sí, les molestaba que, como guerrera que soy, me gustaban los juegos de contacto físico. Me gustaba revolcarme en la tierra cuerpo a cuerpo y luchar con mis compañeros apretujándonos los unos con los otros. Bueno, ahora ya no lo hago.

 

A noche me interné en un bosque viejo de árboles gigantes. He oído un ruido.

-  Guarrr!

 

Me asusto, siento rabia. Arranco la rama de un árbol. Corro hacia el rugido, salgo a un claro, veo una enorme pared de donde procede el insulto, intento clavar la rama y se parte.

 

Es un enorme Dragón dorado. Es magnífico.

 

-  Disculpa - le digo- no quería hacerte daño. Bueno, sí. Bueno, creía que eras malo. Mi nombre es Dorka, soy una guerrera.

 

El Dragón calla. Estoy paralizada me siento ridícula y avergonzada por mi estupidez. Había más animales descansando y los he disturbado, y el árbol, se ha quedado sin rama. Soy idiota, he quedado como una imbécil, que mal. Pasa un rato.

 

-  Los guerreros no juzgan- dice el dragón.

-  Es que yo vengo de la tierra de los magos y allí nos movemos por norma, por la norma. Quiero decir la moral . O sea que  por hacer las ... bien, no mal – tartamudeo.

-  No se que es eso del bien o mal, pero que te equivocas, eso si que lo sé.- me dice, y mientras murmura, como entre resignado y curioso - norma, moral, amor, Román, mano, romano, mona, mora, Roma, Ramón, marrón, oral....- se incorpora lentamente y se va volando. Es majestuoso. Sus escamas amarillas brillan con la luz del sol.

 

Vuelvo a caminar por el bosque. He perdido el sendero. Estoy asustada. Me siento débil y cobarde. Siento ganas de volver al castillo. “Bien, mal, bien, mal, bien, mal...” Estoy hasta las tetas de esta cantinela. Quiero follar, cantar, bailar, hacer música, enfrentarme a verdaderos peligros. Mierda, mierda, mierda. “si los magos me oyeran. A la mierda los magos!.

 

La noche cae. Llevo sin comer todo el día. Me acomodo entre las raíces de un árbol. Caen letras del cielo “Trasciende las normas y disfrutarás de la vida” miro hacia arriba es el Dragón volando muy alto sobre mí.

 

Veo una ardilla. Da vueltas sobre si misma. Pienso que es absurdo, sin embargo, me gusta verla girar. ¿Para que lo hará? Parece divertirse. Este bosque es muy raro. Está vivo, muy vivo. Yo no. Deseo dormir y que las hojas me cubran y no despertar jamás. Quiero abandonar y no puedo.

 

He perdido la cuenta de los días que llevo en este bosque. De repente, ante mí, aparece un pequeño hombrecillo. Está desnudo tiene el sexo pequeño y una vara en la mano. Siento dentera, asco, mis pelos se erizan y mis músculos se contraen, quiero huir pero no puedo. Se mueve muy rápido tiene mucha fuerza. Es un demonio. Sin tocarme me arranca la ropa y me empuja sobre la hierba. No hago nada. Me abre las piernas y baila brincando sobre mi. Estoy paralizada. No puedo hablar, no puedo gritar, mi pecho está contraído. Me ahogo.

Me acaricia la piel con su vara, entre el miedo y la tensión, siento que me gusta. Me sorprenden mis deseos de que me penetre. Mi deseo se cumple. Su cuerpo va cogiendo volumen sobre mi y cada vez es más fuerte y firme. Tiene ritmo. Me hundo en la tierra. Deseo que se meta en mi interior y que continúe sobre mi. Es fuerte y dinámico.

 

Siento miedo de desaparecer en la tierra. La tierra me traga. Estoy sola, enterrada. No respiro, no me muevo. Estoy fundida en la tierra. La tierra me nutre y me alimenta.

 

Arriba llueve. Siento las gotas caer sobre la tierra. Poco a poco el agua me va desenterrando. Estoy desnuda. El hombre se ha ido. La lluvia moja el bosque. Los árboles ya no son gigantes. Comienzo a andar. En el cielo todavía nublado veo volar al Dragón.

 

 ¿Y ahora que?. El vacío me asusta.

 

                                                DORKA