ATICUS BAJANDO POR EL RIO DE LA VIDA.

 

 

         Esta historia comienza en una gruta, que en el fondo contiene un arcón y por el suelo hay cachitos de cera.

         Comienza a amanecer y un rayo de sol penetra a través de la entrada. El calor va derritiendo la cera y poco a poco los cachitos de cera van formando una figura.

         La figura comienza a moverse con pequeños movimientos, cuando se va fundiendo y enfriándose, gracias al frescor de la noche y de la gruta.

         Esta figura tiene forma humana con cabeza, dos ojos, nariz, boca y dos orejas; su tronco tiene dos inminentes pechos, ombligo y pubis; también tiene extremidades, pero… tanto sus brazos, manos, piernas y pies tienen una apariencia muy frágil.

         En uno de sus movimientos abre los ojos y contempla el lugar. Ve cerca de ella un arcón, también observa que en las paredes hay dibujos, los mira uno a uno y esto le produce contracciones. Pero los sigue mirando, sabe que son importantes, por que ella ha nacido en esa gruta y tienen que ser mensajes.

         Se incorpora para ir a verlos, tambaleándose, sus piernas no son fuertes. Logra llegar hasta el arcón y se incorpora del todo. En el interior del arcón ve un trocito de azulejo y una corteza de árbol. Le llama la atención y coge el trocito de azulejo. El contacto con el azulejo le hace erguirse mejor y cuando levanta la vista y ve de nuevo los dibujos comienza a comprender lo que dicen. Los dibujos hablan de abandono, separación, dolor, llanto, miedo, desesperanza; también hay un dibujo que es un mapa de una isla con una “X” marcada, y en un lado del mapa, hay dibujada una gruta con un arcón. Reconoce la gruta, esta es la gruta y “yo estoy aquí”.

Intenta seguir explorando y aprendiendo de los otros dibujos pero… no los entiende, baja la vista y ve el arcón de nuevo y el trozo de corteza de árbol.

         Agradece al trocito de azulejo que le haya ayudado y este le dice:

 

         -Yo fui una elfa, llamada Bubi, y fui una viajera como tú. Te dejo Mi Legado, para que vaya contigo en tus viajes. Mi creencia fue “REGRESAR A MI LUGAR DE ORIGEN, PARA SER FELIZ”. Donde tú estas ahora es tu lugar de origen.

 

         Con mucho cuidado y respeto, la figura, dejó al trocito de azulejo en su sitio, en el arcón y notó como su tórax se expandía e iba tomando forma; respiró profundamente, con la mirada en aquel pequeño, pero gran regalo.

         Un poco mas tarde, cogió el trozo de corteza, la puso sobre la palma de su mano, la miró y le dijo:

- ¡Hola!

- ¡Hola!: yo fui una enana pirata, llamada Bubi.

 

       La figurilla se sorprendió:

 – Yo he conocido a la elfa Bubi, se llamaba como tú y me ha enseñado su historia.

- Las dos llegamos hasta aquí, gracias a la ayuda de un gran mago, que nos acompañó en nuestros viajes. Cada una viajó individualmente para juntarnos aquí. Yo llegué por mi creencia: “REGRESAR A MI LUGAR DE ORIGEN PARA DARME FORMA”.

 

- La figura le dijo: Bubi la elfa tenía también esa creencia y me entregó su legado.

 

La corteza hizo que la figura mirara a los dibujos y le contó su historia:

         - Llegué hasta aquí en uno de mis viajes con el gran mago. Un día me encontré en uno de mis paseos con una gran encina. Me apoyé a descansar y se desprendió este cacho de corteza que tienes en tu mano.

         Me contó como nací de unos trocitos de cera que estaban en una gruta, que hay en mi lugar de origen. Y como un día un rayo de sol penetró y su calor derritió los cachitos y nací yo.

         Aquello me hizo recordar mi lugar de origen.

 

- La figurita dijo: ¿Pero… yo también soy de cera y he nacido aquí? ¿Soy una enana?

- Tu tienes tu forma y deberás decidir lo que quieres ser.

       La figurita: -  ¿Encontraste tu forma en tu viaje?.

         - Yo llegué hasta aquí aceptando mi forma y aceptando romperme en cachitos para poder explorar mis miedos al abandono, al dolor, al llanto, a los gritos, al desamparo, al caer al vacío, a no tener esperanza, a no creer en mi, a morirme. Como sobreviví para que no me mandaran, siendo buena, callada y atenta, dispuesta, yo no era importante. Como manipulaba, desconfiaba. Como me acobardaba, me paralizaba, traicionaba y fui egoísta. Todo para no sentir mis necesidades y pedir, fui una hipócrita.

Y en el transitar por estos caminos llegué hasta aquí. Te doy Mi Legado. Y no olvides nunca que todo tiene un Principio y un Fin.

 

       La figura se quedó conmovida, asustada, pero se dio cuenta que respiraba, que tenía vida. Miró al trozo de corteza de encina y se despidió, agradeciéndole todo lo que le había hecho sentir.

         Con cuidado puso a la corteza en el arcón, en su sitio y se despidió.

         Se sentó a observar los dibujos, para grabarlos en su memoria y tenerlos presentes cuando no estuviera allí. Y no olvidarme del lugar de origen.

 

 

          Esta figurita, soy yo “Aticus” y soy una guerrera. Y todo esto es mi historia… y más que te voy a contar…

 

         Me dispuse para salir al exterior y me encontré una vara de madera larga. La cogí y vi como podía apoyarme en ella, también podía saltar de un lado al otro y podía moverla en todas direcciones.

Decidí que este cayado podía ser un buen compañero de viaje.

Cuando llegue al exterior me sorprendió la luz, era una sensación extraña, a pesar de haberlo visto en el mapa, no reconocía donde estaba.

         Oí voces y risas, me dejé guiar por ellas y divisé a personas, y sentado debajo de un castaño, un hombre.

         Me paré un momento y noté cómo me sentía feliz, sonreía y noté mi corazón como latía. Recordaba  como Bubi la elfa y la enana hicieron un viaje acompañadas de un gran mago, al que conocieron a través de una guerrera, que fue acogida en su casa y les indicó el camino para llegar a la casa del gran mago y la maga.

 

         Me decidí a acercarme, cuando estaba cerca vi también sentada a una mujer, y me dije este es mi gran mago. Me acerqué y le dije que quería viajar.

El mago sonríe y me acepta - vale si quieres viajar puedes venir con nosotros, pero contéstame a estas preguntas:

 

- ¿Cómo te llamas?

- Me llamo Aticus

- ¿Qué eres?

- Soy una guerrera

- ¿Cuál es tu arma?

- Este cayado  y mi legado.

- ¿Cómo naciste?

- Soy de cera y me voy transformando gracias a los rayos de sol y a la sombra que hay en mi lugar de origen.

- ¿ Por qué naciste guerrera?

- Porque necesito aprender a caerme.

 

         El mago me observo y me sonrío, la maga también sonrío y me dijeron: - ¿Si quieres aprender a caer, para que te apoyas en ese callado?

Me quedé perpleja, me asusté, cómo voy a viajar sin poder agarrarme a nada.

         - Pues caer es no agarrarse a nada-, le dijo el mago.

         - Tienes razón, pero que guerrera no  tiene su arma.

         - El gran mago me dijo - así es, para una guerrera, como tú, es importante su callado. Pero lo que vamos a hacer ,si tú quieres, es posarlo sobre el río y que la corriente lo lleve, y tu viaje va a consistir en tirarte al río para aprender a caer, y si aprendes a caerte y a aceptar tus caídas, al final del río encontrarás tu callado.

 

Yo asentí. Necesito viajar y confío en el gran mago.

 

Me sonríen los dos, el gran mago y la maga y me dice:

- Pero ten en cuenta, que también puede ser que no consigas tu objetivo.

         - Soy una guerrera.

- Bueno, ¿entonces quieres seguir tu viaje?.

 

         Yo dije que sí. Entonces el mago posó mi callado en el agua y yo veía como se iba, sentí vértigo, pero estaba decidida.

 

         - Muy bien - dijo el gran mago - ahora para continuar tu viaje te vendrá bien contestar a estas preguntas, para ayudarte en tu recorrido. Contéstalas y cuando las tengas todas contestadas, será el momento de tirarte al agua.

 

         - ¿Tienes alguna satisfacción en estos momentos de tu vida?

         - El poder esta aquí y ahora y sentirme viva.

         - ¿Tienes algún lugar en este mundo?

- No, necesito pediros a ti y a la maga que me acojáis en vuestra casa, mientras viajo, para encontrar de nuevo mi lugar.

 

         Los dos asintieron. Yo sentí mucha emoción, me emociono cuando me  siento acogida y cuidada.

 

         - ¿Crees que tienes derecho a estar aquí?

         - Si, mientras respire.

         - ¿Cuál es el objetivo de este viaje?

         - Dejarme caer.

         - ¿Cómo lo vas a conseguir?

         - Observando mi honestidad, mi honradez, mi creencia, mi fidelidad, mi confianza, mi aceptación, mi esperanza, mi generosidad.

         - ¿Cuál es tu creencia, Aticus?

- Todo tiene un principio y un final y cada uno tiene su lugar de origen.

         - ¿Qué tienes que hacer para observarte?

         - Ponerme a la acción, como guerrera que soy y no olvidarme de mi legado; estando atenta a mis emociones, a mi cuerpo y a mi mente.

 

         Agradecí al gran mago y a la maga la ayuda que me habían prestado para iniciar mi viaje y me tire al agua.

 

         Mi viaje se inició. Fui recorriendo el río, pasando por recodos y bajando pequeñas cascadas. Parto feliz.

 

Aticus

 

 

 

 

EL CORAZON DE PIEDRA ENROJECE

 

Historia de cómo el enanito Mirón quiso salir de detrás de las ramas del bosque para hablar con las ninfas y se convirtió en Caballero

Yo era un enanito Mirón que me llamaba Lantzi. Mi mayor ilusión, lo que yo más quería era hablar y jugar con las ninfas del bosque. Me sentaba detrás de las ramas de los árboles para contemplarlas. Mi trabajo consistía en contar los tesoros que mis compañeros enanos recogían de las minas de oro y plata de mi poblado.

 

Recuerdo que cuando era muy enanito me gustaba mucho jugar y cantar con los demás enanos. Al mismo tiempo era un enanito al que el resto de enanos consultaban cuando querían jugar con algo o conseguir algo.

Después empecé a perder la vista. Tenía una especie de gasa en los ojos que me hacía ver todo muy borroso.

 

Ahora quiero ver a las ninfas del bosque pero no las distingo bien. Sé que son pequeñas y de pelo negro y que se ríen, cantan, están bañándose, pero tengo que fijarme mucho en ellas para distinguirlas bien.

Quiero salir de las ramas y bailar y bañarme con las ninfas, pero sólo consigo dar vueltas y vueltas sobre mis pasos sin atreverme a salir de las ramas. Me he dado cuenta de que no podía seguir extasiado contemplando a las ninfas, porque los tesoros del poblado los he contado mal y se van perdiendo. Hay monedas de oro que se han perdido y el resto del poblado de enanos ya ha empezado a murmurar contra mí. Eso hace que no esté muy contento de mi vida como enano y que todo el poblado ya me conozca como El Enano Fallón, porque ya siempre esperan que lo que me dicen se me vaya a olvidar o no me acuerde de ello o me equivoque en algo.

 

Siento que los demás enanos ya no se fían de mí, que soy muy gracioso, bailarín y juguetón pero no se fían de mí para nada importante, y no me siento a gusto en este poblado.

Desde que era un enanito y empecé a tener la gasa que hacía que todo se volviera borroso estaba aislado del resto de enanos, y mi madre intentaba que jugara con los enanos pero yo me quedaba sólo, y ella venía y me preguntaba que por qué estaba sólo.

 

Hasta ahora no me he atrevido a jugar con las ninfas ni con nadie porque quería estar seguro de que las ninfas querían que yo fuera, y daba vueltas y vueltas a ver si me veían detrás de los árboles y me decían que fuera a jugar con ellas.

Tengo miedo de que las ninfas se asusten si me ven, se enfaden conmigo y huyan, y ya no pueda volver a verlas.

Me paso todo el día dando vueltas y hablando conmigo mismo sobre cómo tendría que hablar con las ninfas pero sigo aquí sin decirles nada, y ya tengo todos los pensamientos que pasan por mi cabeza atascados en mi garganta enana y sin salir.

Siempre pienso que mañana hablaré con las ninfas, y mañana pienso que al día siguiente, y al día siguiente que al otro.

 

Tampoco me ha visto nadie llorar nunca. Siempre me escondo en mi cueva cuando tengo ganas de llorar.

 

De cómo me fui del pueblo y me convertí en el Caballero Van Sattir, el Caballero del Círculo Rojo.

 

No me sentía a gusto en mi poblado y he emprendido un viaje para encontrar la forma de atreverme a hablar con las ninfas. He estado con una expedición de viajeros paseando por el bosque y he descubierto que lo que quiero es convertirme en Caballero.

He estado realizando una serie de ejercicios corporales para conseguir que salgan por mi boca todos mis pensamientos.

Me he convertido en el Caballero Van Sattir.

 

De haber estado tanto tiempo contemplando a las ninfas el corazón se me ha quedado tan triste que ya es como un bloque de piedra.

 

Mientras estamos paseando por el bosque con la expedición de viajeros hemos hecho una serie de ejercicios corporales y bailes. En algunos de esos bailes he sentido un pequeño temblor en mi pecho y ha ido aumentando. Con ese temblor mi corazón de piedra se ha resquebrajado un poco y se ha puesto rojo. En un momento en el que el temblor fue muy fuerte tuve un gran círculo rojo en medio del pecho.

Recuerdo que alguna vez había sentido ese temblor pero lo había ahogado y el corazón se me había vuelto a poner duro.

Ahora sé que ese temblor es el que puede ayudarme a que mi corazón de piedra se resquebraje y necesito estar atento a cuándo lo siento y no dejarlo enfriar.

Ese temblor me ha hecho gritar pero cuando he gritado también he perdido la respiración.

He comprendido que la próxima vez que sienta ese temblor voy a fiarme de él y a lanzarme a hablar con las ninfas, aunque ellas no me hayan visto ni sepa si quieren que me acerque a ellas. Lo que ahora es un ovillo de pensamientos con maraña podría llegar a ser un cohete del que salieran destellos de pasión.

 

He llegado finalmente hasta el estanque donde están las ninfas y he vuelto a ponerme detrás de los árboles. Necesito salir de los árboles y bailar con una ninfa al sentir ese temblor.

En un momento las ninfas han dicho que ya no iban a cantar más canciones y que se van a ir a un país muy lejano. Esta es la última canción.....

Entonces he dicho: Ahora o nunca!!, y he salido de las ramas de los árboles y he bailado con una ninfa. Me he sentido muy a gusto.

 

Lantzi