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LOS VIAJES
ERRANTES DE ARAGORN, HIJO DE ARATHORN. Érase
una vez un hombre llamado Aragorn, que vivía en una gran ciudad de Gondor. Su
padre era Arathorn, un noble de una estirpe que ya no gobernaba, pero que
formaba parte de la mediana-alta sociedad. El padre de Aragorn a menudo daba
grandes fiestas y banquetes, a los que acudían jueces, médicos, ilustrados,
etc. A sus fiestas de cumpleaños incluso acudía el alcalde, para dar un
discurso. Aragorn
se crió muy a gusto, y visitó los mejores colegios. El sabía que un día
tendría un lugar privilegiado en la sociedad, y ya se alegraba de ello. Él
admiraba y respetaba mucho a su padre, que era un gran orador y al que todo
el mundo admiraba por su templancia y el respeto con el que proveía a cada
quién. Aragorn
en su temprana adolescencia ya se alegraba de la vida que llevaría de mayor.
Pensaba que él ya haría un par de cosas diferente que su padre, pero en
general pensaba seguir con el mismo estilo de vida. Pero
a medida que él iba creciendo y aproximándose a la edad en el que él tendría
la edad para ser un miembro representante de la familia, de plenos derechos,
le empezaron a ocurrir cosas muy extrañas. Cuando su padre daba banquetes, y
él [Nota del redactor: Aragorn] hablaba con los invitados, se sentía muy
inseguro. No sabía a qué se debía, pero su persona estaba desapareciendo. Un
día, asustado, se dio cuenta que su pie izquierdo había desaparecido mientras
había hablado con el cónsul de Bengoria. Se pasó toda la noche camuflando su
pie faltante con los bordes y los pliegues de su ropa. La enfermedad fue en
aumento. Al principio, los miembros desaparecidos no tardaban en volver a
aparecer después de poco tiempo. Pero los tiempos de invisibilidad de partes
de su cuerpo cada vez se prolongaban más, y cada vez eran mayores las partes
de su cuerpo que desaparecían. Aragorn
escondía estas faltas y actuaba como si nada pasara, disimulando lo que le
faltaba con sus atuendos. Su madre había desaparecido y la echaba de menos.
Cuando al fin llegó el momento en el que él alcanzaría la plena edad y debía
elegir una carrera para estudiar, él ya no aguantaba estar camuflando más.
Así que decidió irse y buscarse a sí mismo. Su
padre quedó estupefacto al escuchar que su hijo se iba y echaba por la borda
la carrera y todo su camino predeterminado para tomar su puesto y su lugar en
la familia. Pero Aragorn se fue y viajó hasta la zona boscosa alrededor del
Bosque Negro, donde empezó a deambular y a vagar sin rumbo fijo. Una noche dormía
aquí bajo un árbol, y otra noche bajo un árbol en otro bosque distinto. De
vez en cuando se acercaba a una aldea, a comprar alguna herramienta u otros
utensilios que le hacían falta. Aprovechaba estas ocasiones para ir a las
tabernas, tomar una cerveza y comprobar si le seguían desapareciendo miembros
cuando se comunicaba con la gente. Ya que esto seguía ocurriendo, volvía a
los bosques, triste y frustrado, en busca de una solución. Esperaba que en
los bosques, un día, se encontraría a sí mismo. Pero hasta ese momento debía
seguir vagando sólo. Un
día, yendo por un bosque, se encontró con una torre en medio de un claro. La
torre le atraía de una manera extraña y profunda. En la penumbra del
anochecer se podía ver en lo alto de ella una ventana de la que salía una luz
cálida y anaranjada, que inspiraba paz y hogar. Él sabía que su futura esposa
vivía en aquella torre, pero él no se podía acercar. Cada vez que lo
intentaba chocaba con unos muros invisibles, se levantaba un fuerte viento,
que lo echaba atrás. Así que muchas veces estuvo dando vueltas a la torre,
buscando por dónde podía entrar, pero sin conseguirlo nunca. Muchas veces
anduvo días, incluso semanas buscando un acceso al recinto de la torre. Luego
volvía a dejar la torre y vagaba unas semanas o unos meses por los bosques.
Pero siempre volvía a la torre para intentarlo de nuevo. Un
día soleado, por la mañana, le vino volando una paloma blanca. La paloma le
dijo: "Todo es más fácil de lo que tú piensas." Aragorn |
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Soy
Minor Mengún*, “me aminoro y menguo hacia la luna nueva”. Ese
fue el lema que acompañó a mi nombre en mi nacimiento. Colaboré con la banda
de los coyotes, enanos embaucadores
que robaron la fantasía a Blioberis El Bardo*, y con ella, la
esperanza de una tierra prometida desvaneció. Dicen que enterraron el Laimur*,
la fantasía cristalizada en una esfera, en las profundidades de las montañas
de las voces de los pozos*. Perdí
la Fe en una noche de luna menguante, en la que creí que la felicidad estaba
reservada para mí. Conocí a Blioberis, vivía en su mismo poblado. Nunca
entendí sus predicados, pero veía que hacían el bien. Seguían los principios
del Laimur, la confianza en lo espontáneo y natural. Los enanos no estaban de
acuerdo, pensaban que iba en contra de los beneficios del trabajo a ultranza,
así que confabularon contra el mago, y le arrebataron el Laimur. Yo continué
trabajando en las minas, con la desazón de haberme traicionado, y el peso de
la culpa. Perdí el trabajo. Mendigué casi. A la salida de las minas grabaron
en mi corazón el ojo que espía. Por eso me interno en las profundidades: para
reparar el daño de Bonpastur*. Cavando llego a una brecha. En el fondo hay llamas. Más allá
había una voz. La sigo. Encuentro una luna entre la tierra y la encuentro a
las voces. Más arriba, donde se asoma la luz, un elfo llamado Indigo*,
escucha también las voces. Ofrezco en ofrenda a la luna, para su mejor uso.
Las voces me dicen que tengo el corazón enfermo, pero que mi esfuerzo ha sido
digno... (Retazos de un manuscrito encontrado en
las minas de Víanouva) ANEXO: · Blioberis El
Bardo: cronista de la leyenda del Grial. Jardinero del alma, y cuidador
de la esperanza en las tierras del Sur. · Laimur: sabiduría
extraída de las conversaciones con las estrellas. Cristalizada, concentra el
saber, la fantasía, el amor y la vida naciente. Era el legado del Grial que
custodiaba Blioberis. · Voces de los pozos: voces del
alma. Si no las escuchamos los frutos de la tierra nos serán vetados. Si nos
apegamos a ellas dormimos hasta morir. · El daño del Bonpastur: poco se sabe de Minor Mengún antes de este
suceso. Cayó atrapado en el brillo del falso oro. Otros dicen que perdió la
oportunidad de cumplir su sueño, y Dios le cerró las puertas. No habría una
nueva en este mundo. Minur Mengún vendió su alma a la codicia de los coyotes,
dando información clave para la conspiración. ·
Indigo: hijo adoptado por Blioberis. El elfo buscador del Laimur. Vive
a través de los cuentos y enseñanzas que Blioberis le ofreció. Desea
recuperar el sueño. ·
Sobre Minor Mengún: tiene 280 años. Nacido en Bartaignon, a orillas
del Onseil. Su familia se dedicó a una explotación ganadera. Vivió en
estrecho contacto con los elfos, y tomó como propias las enseñanzas del
Laimur, hasta el daño del Bonpastur. Minor
Mengún |