La
mano por la que estas meditaciones fueron escritas es la
de alguien que en un cierto momento no se hallaba en este
mundo aparente, en este mundo que aparece cada mañana al
abrir los ojos. Ese no encontrarse, ese no encontrar paz
duradera, definitiva, de una vez por todas, esa paz que
no está sometida a la zozobra de cada día y de lo que
cada día trae, es el anhelo que pone en marcha la búsqueda
de uno mismo y la escritura de estas meditaciones.
Después de mucho dar vueltas, de leer libros, de
practicar primero el catolicismo, después el Islam,
luego las doctrinas hindúes en sus representantes más
actuales y genuinos y finalmente y viendo que todo estaba
poco más o menos que al principio de la búsqueda, parándose
a meditar consigo mismo, con seriedad, con dedicación
preferente y continuada, las preguntas claves fueron
brotando y sus respuestas correctas también.
Poco importan entonces los detalles biográficos, las títulos
académicos, las distinciones universitarias, las
condecoraciones, los méritos mundanos, los méritos de
este mundo de la vigilia, irreales desde todos los puntos
de vista.
¿Estas meditaciones sirven de ayuda a alguien? Sí, ya
han servido y por eso están aquí a disposición de los
que las encuentren, y no sólo los escritos, sino la
persona misma que los escribió no hace mucho tiempo.