Viaje ciclista por Pennsylvania
| Pues aquí va la crónica- plomo de mi corto viaje con alforjas por el centro- norte del estado de Pennsylvania en Estados Unidos. Comentar que en principio tenía pensado un viaje de cinco días pero que al final se quedó en cuatro míseras jornadas: del 7 al 10 de septiembre. | |||||
El primer día salí de Hopewell Furnace NHS, en el condado de Berks, a unos 80 kms de Filadelfia -donde había estado trabajando las cinco semanas anteriores- a eso de las 10 de la mañana, sin prisa por aquello de tener todo el día por delante. La idea era de dirigirme hacia el norte con el objetivo de llegar en un par de días al parque estatal de Ricketts Glen. Con ganas además de dejar atrás la zona donde vivía -de apariencia semirural pero bastante populosa- para llegar a esos territorios norteños poco habitados donde el bosque predomina absolutamente sobre cualquier otra cosa. En los primeros kilómetros de mi camino al norte pasé por lugares ya conocidos como el valle de Oley, con sus fantásticas granjas y encantadoras casas de piedra (sí, tal cosa existe en los USA), para de allí intentar enlazar con la reserva ornitológica de Hawk Mountain que se sitúa en la primera barrera de los Apalaches. Camino tranquilo y, como siempre me ha ocurrido por esos lares, con problemas para encontrar líquido y repostar. La subida a Hawk Mountain es la primera dificultad montañosa, nada excepcionalmente duro pero que hice después de comer y en frío. |
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Más que un auténtico puerto se trata de un repechón con pendientes a veces muy fuertes; tan fuertes que me obligaron a poner pie en tierra; y tan fuertes que puesto el pié en tierra, resbalón en el asfalto y morrazo consecutivo... si ya dicen que esto de la bici es un deporte peligroso. |
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En lo alto del puerto, el centro de interpretación de la reserva y gozada de ver un magnífico mapa en relieve de los Apalaches, con la pavorosa visión del puerto que me esperaba al día siguiente: con una abierta curva se solucionaba la ascensión de unos 300 mts de desnivel. |
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Con el tiempo justo decido seguir mi camino en vez de dar un garbeo por la reserva -que por otro lado ya conocía-; así que bajo por una vertiginosa carretera (suerte que había subido por la otra vertiente) y, tal como esperaba, hay mucha menos población por este lado: el bosque predomina e incluso las granjas se hacen raras; las que hay además son más modernas que las del otro lado de la cadena. Aun me quedaban bastantes kms hasta mi destino en el parque estatal de Tuscarora; entre ellos se incluyen unos cuantos extra por haberme perdido. |
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Después de 139 kms me echaré prácticamente a la cuneta para dormir porque el día, aunque largo, estaba a punto de acabar y yo falto de previsión en cuanto a vituallas y en cuanto a cualquier tipo de infrestructura. |
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En el segundo día seguirá mi camino hacia el norte, pasando por lo que era hasta hace unos años la própera cuenca minera de carbón. Parece ser que esta era la casi única razón para la existencia de ciudades como Hazelton... una vez que las minas pasaron a mejor vida, como en todas partes, vino la reconversión. De todos modos Hazelton situada en un páramo es una ciudad hermosa y alegre; al menos en verano y en medio de los festejos que había ese domingo con la calle mayor llena de puestos y atracciones. |
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Camino al norte se cruza el valle del río Susquehanna; eso sí, después de haber trepado y descendido unas cuantas empinadas colinas. Este gran río, normalmente caudalosísimo estaba sin embargo muy desmejorado; y es que un año de sequía pesa bastante y da pena ver el poco agua que baja. Después de recorrer unos kms el encajonado valle de este río (y ver una de las dos centrales nucleares que lo adornan) comienza la suave subida que culminará en Ricketts Glen. Al principio suaves colinas por las que se va ganando altura hasta Red Rock; justo al pié de la montaña de Ricketts Glen. A partir de ahí empieza la subida; la que había visto el día anterior en el mapa en relieve, pensando para mí que lo haría lo mejor que pudiese mientras pudiese. El primer kilómetro es suave pero, de repente, glups... Me pongo a dar pedales de pié pero pronto -parece que iba un poco floja- con la presión de un pedaleo se desplaza la rueda trasea y roza con el cuadro. No lo pensé dos veces: me cambio de calzado y subo andando. |
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Por el camino arriba voy repasando puertos que he subido con alforjas; el uno, el otro, alguno famoso, otro menos y concluyo que la pendiente no baja del 15%; estimación corroborada por la impresión que da mirar atrás y ver la cuesta abajo. Por fin llego arriba y me encuentro un hermoso panel donde dice que cuidado con los frenos, que la pendiente es del 18%. En fin, que aquello era un hermoso repechín de unos 3 kms de pendiente muy homgénea y al 18%. Sigo preguntándome aun qué narices hacen en invierno (que dura unos 6 meses a bajo cero por esos lares) para subir o bajar el dicho repechín. |
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Después de superados los 2449 pies del Ricketts Glen, se llega al propio parque estatal, con su lago, sus mesas de picnic, sus fuentes donde repostar agua y chapotear sin limitaciones. Después de 109 kms decido quedarme a disfrutar de semejante confort, ojear el voluminoso N. York Times del domingo con que había cargado y pasar la noche allí. |
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El tercer día empieza temprano pues quería dar una vueltecilla para ver un poco el parque: sus bosques y sus famosas cascadas. Al final la vuelta sertá breve puesto que me di cuenta de que las cascadas en este tiempo de sequía no estarían ni nucho menos en su mejor momento, para comprobarlo no había mas que echar una ojeada al pobre arroyo. En cuanto al bosque, espectacular el cambio con respecto al de tierras más bajas; frente a enorme variedad de especies, aquí con tres tipos de árbol resistentes al clima extremo van que arden. Además se ven numerosos áboles derribados por el viento y, los que aguantan, están tallados por el frío viento norte. | ||||
A partir de Ricketts Glen se extiende una amplia meseta que recuerda mucho a Urbasa en Navarra. Pasar por el poblado minero llamado Lopez, seguir un poco más hacia el norte hasta Dushore para volver a bajar- esta vez suavemente- hacia el valle del Susquehanna en medio de parajes llenos de encanto y casi desiertos. Una vez llegado al río comienza de nuevo la cicvilización y con ella el intenso tráfico. Desde Tunkhannock (como se ve la toponímia india abunda) mi intención es seguir el río hasta la aglomeración deScranton (otro importantísimo centro minero en una época) para abandonarla lo antes posible rumbo a los montes Pocono. De todos modos lo que en principio parecía sencillo se convierte en una cruz: yo quiero ir de oeste a este pero resulta que todas las carreteras en esa aglomeración van de norte a sur. Me pierdo, me vuelvo a perder y cuando creo que sé donde estoy me pierdo de nuevo. A eso se añade el hecho de que la rueda delantera pierde aire y que tengo que parar cada poco a inflarla; cada vez con más frecuencia pero, dado que al día le queda poco ya, no quiero parar a cambiarla. |
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Cuando estoy al borde de la desesperación ocurre el milagro de que veo una de las carreteras que aparecen en mi mapa y que me sacan de la ciudad rumbo al este. No es ni mucho menos la que había pensado pero a estas horas y en esas condiciones cualquier cosa es preferible a quedarse en Scranton. Pienso que encontraré algún sitio donde comprar comida o cenar... siempre hay sitios así a la salida de las ciudades. Siempre, menos en esta ocasión: pedaleo y pedaleo (además de hinchar la rueda de vez en cuando) y me veo que estoy de nuevo en pleno bosque y que es casi de noche. Aterrizaje de emergencia y me pongo a dormir al lado de un arroyo -al menos agua que no falte- con una suculenta cena que consiste en galletas, leche en polvo y alguna barrita chocolato- pringosa. |
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En esas poco felices condiciones, después de 153 kms es cuando se me ocurre que aunque todo está bien, el paisaje está bonito y etc., etc., no estoy nada confortable en este viaje, que es la segunda noche que estoy durmiendo casi en la cuneta, malcomiendo y bla, bla, bla... que no estaría mal si al día siguiente intentase llegar a mi casa de nuevo. Eso significaba a ojo unos 200 kms de recorrido y dejar de lado las visitas turísticas que tenía pensadas -el museo de la comunidad alemana de Bethlehem por ejemplo-. |
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El caso es que el cuarto día me levanté de un humor parecido al que tenía cuando me acosté. Después de maldormir por el tráfico de la carretera me desperté al alba y poco después estaba ya en camino. Primer capítulo: subir el puertecillo que te sitúa en lo alto de los montes Pocono. Otra vez una zona muy desierta, sin apenas pueblos y cubierta de bosques. Frente a Ricketts Glen que está lejs de cualquier gran ciudad, los Pocono están bastante cerca de Nueva York y es una zona bastante turística, especialmente en invierno por aquello del esquí. Eso sí, pueblos, escasos y no sirven de referencia, así que mi ruta consiste en enlazar una carretera a otra con sus números como única orientación: 502- 435- 2017- 4003- 940- 115- 903... Hasta que por fin se llega a Jim Thorpe. Lo alto de los Pocono, una delicia de todos modos: fundamentalmente un gran bosque atravesado por algún caudaloso río y algún que otro lago. Gran sorpresa la de ver un oso que cruza la carretera delante mío y verlo después a un costado de la carretera. Ya os digo que, aunque turístico, el Pocono es bastante salvaje. |
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Una vez en Jim Thorpe -hermoso pueblo por otro lado- no hay más que seguir el río porque ahora, en vez de cruzar la primera barrera de los Apalaches por un puerto de montaña, se hace por un estrecho cortado siguiendo el valle del río Lehigh. El problema es que, tan cómoda salida está ocupada por una autopista en la que se prohibe expresamente todo lo que no sean vehículos a motor; de todos modos no veo que sea el mejor momento para buscar una carretera alternativa así que durante unos 20 kms voy por autopista. Eso sí, se me puso cara de bobo cuando vi un coche de policía... que gracias a Dios iba en dirección contraria. |
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En cuanto puedo abandono esa vía rápida y, a los 100 kms o así paro a comer y sestear durante las horas más calurosas del día, para proseguir más tarde rumbo al sur, por las inmediaciones de la ciudad de Allentown e intentando evitarla. Para ello, según mi mapa lo mejor es coger una carretera con número 4003 hacia el oeste. Y bien, en todos los cruces aparece religiosamente el número de carretera, pero en esta ocasión, no. De todos modos el tráfico es cada vez más denso así que cojo una desviación al oeste... cualquier cosa sería mejor que el tráfico. Después de muchos kms perdido por fin me encuentro y me localizo en el mapa: estoy a tiro de piedra de Mertztown. En unos 20 kms podré estar en lugares conocidos y entrar en el valle de Olley por la carretera que había llevado el primer día de recorrido. |
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A buen ritmo, voy comiendo kilómetros; a buen ritmo porque una vez más al día no le quedan demasiadas horas y me fastidiaría tener que quedarme a dormir en alguno de estos sitios estando a tiro de piedra de casa. Llego a Oley y, antes de continuar, visita al supermercado a hacer las compras para la casa: yogures, cereales, lechuga... Por lugares conocidos me dirijo a Birdsboro y, de allí, 8 kms de subida y estaré en casa... Subo a oscuras con bastante miedo a pesar del reflectante de las alforjas, casco y zapatillas. Eso sí, llegar a casa y como premio, una ducha, una cena suculenta y ver la tele: al día siguiente es 11 de septiembre. |
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Bueno, quien haya tenido la entereza de leer esto hasta el final, que me escriba y le mando un pin con la banderita de las barras y las estrellas. |
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Iñigo |
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