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Asociación por la lucha para la Integración del niño distinto de Bizkaia

Asociación por la lucha para la Integración del niño distinto

 

Son muchas las ideas que bullen dentro de mi cabeza. en mi corazón y en mi alma. La lucha por la integración siempre ha sido muy ardua, pero no imposible. Aunque hoy en día nos enfrentamos con una sociedad muy enferma; enferma en cortesía, amabilidad, educación y, sobre todo, en tolerancia.

Te preguntas cómo puedes integrar en una sociedad tan enferma a personas tan sanas como pueden ser un ciego, un sordo o a personas tan fabulosas como aquellas que padecen el Síndrome de Down o incluso esos amigos que te rodean que parecen tan tímidos o torpes, que esconden simplemente un problema enorme de dislexia oculta o mal interpretada.

Integración es la forma de convivir, es la forma de vida que hay que aplicar para enriquecernos. Es mirar por debajo de las formas. Es tratar de ver el alma de las personas. Yo soy profesora de informática y puedo garantizar que una persona que se considera con todas sus facultades no es más rápida aprendiendo informática que una persona con el Síndrome de Down.

El Síndrome Down es una condición irreversible, que no variará con el tiempo. Sin embargo, el progreso que alcanzan estas personas supera, usualmente, las espectativas iniciales de los padres. El rechazo social es afortunadamente cada vez menos recurrente, pues estas personas de rostro sonriente han sabido ganarse un espacio en la sociedad, con el vital apoyo de sus padres, profesores y amigos, en todos los planos, el familiar, el educativo, recreativo, deportivo, laboral y el social. Han pasado de pronto a ser, dentro de la discapacidad mental, una suerte de "relacionadores públicos" dada su gran sociabilidad, transparencia, amistad y ternura.

Partiendo del hecho de que no todos los Síndromes de Down son iguales, y de que las discapacidades más profundas sólo pueden ser tratadas de modo específico, los que sí tienen la oportunidad de acceder a una enseñanza normalizada, en integración, también deberían, por lógica, aspirar a una vida laboral ordinaria.

EEUU fue el primer país que apostó, a finales de la década de los sesenta, por incorporar en las empresas a los discapacitados, no solo físicos, sino también psíquicos, a través del denominado "Empleo con Apoyo", modelo en el que se basan los proyectos LUMI, AURA, STELA, etc. En el caso concreto de las personas con Síndrome de Down, esta vía alternativa propone su total autonomía.

En primer lugar, el trabajor forma parte de una plantilla compuesta por trabajadores "normales". En los centros especiales de empleo, por el contrario, úni- camente participan personas disminuidas, cuestión que muchos consideran contraproducente si lo que se persigue es una integración completa.

En segundo lugar, las condiciones económicas serán las mismas que las de cualquier otro empleado, dependiendo únicamente del tipo de contrato. Esto no ocurre en los talleres ocupacionales, donde se abona al trabajador con Síndrome de Down una cantidad simbólica, que en ocasiones no cubre tan siquiera lo que los padres desembolsan voluntariamente o a modo de cuotas con el fin de que dicho taller, generalmente nacido por consenso de distintos movimientos asociacionistas, se mantenga.

Una condición imprescindible y una de las claves del éxito de esta iniciativa es, tal y como su propio nombre indica, el "apoyo". Cuando uno de estos chicos en edad laboral accede a un puesto de trabajo normalizado lo hace siempre junto a un preparador laboral. Su función va a ser la de entrenarlo en las tareas específicas del puesto a desempeñar, acompañándolo, en un principio, durante toda la jornada. También se preocupará de establecer, cuidar y moldear las relaciones sociales de este nuevo trabajador.

A medida que avanza la integración, el preparador retira poco a poco su apoyo hasta que final- mente desaparece, aunque nunca se desvincula por completo de la empresa ni del trabajador de la misma. El seguimiento o control se extiende en el tiempo para observar si el rendimiento de este empleado es el adecuado. En cualquier caso, a pesar de la situación actual, asociaciones y fundaciones se han adherido e incluso están creando proyectos de "Empleo con Apoyo", con las subvenciones de distintos organismos oficiales y de la empresa privada. Sin ir más lejos, el proyecto "LUMI" de ALIND, cuenta con el apoyo de la Diputación Foral de Bizkaia y distintos Ayuntamientos. Está claro que este es el buen camino hacia la integración plena.

 

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