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Números anteriores: Revista semestral de Heráldica, Genealogía y Nobiliaria
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GEDCOM
Por Alejandro Millberg



Empiezo haciendo mías las palabras de Carlos Skovgaard: "esta es una escuelita donde los que no saben enseñan a los que saben menos…"; es ciertamente mi caso como improvisado "profe".

GEDCOM es un formato de archivo de datos. Fue desarrollado por el Departamento de Historia Familiar de The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, comunmente llamada "de los mormones", para proveer un formato flexible y uniforme para el intercambio de datos genealógicos computerizados. Es un acrónimo de GEnealogical Data COMmunication (comunicación de datos genealógicos), por lo que supongo que se lo traduciría como COMDG o algo así, pero la forma universalmente usada es la original.

El propósito del GEDCOM es "propiciar el compartir información genealógica y el desarrollo de una amplia gama de productos de software operativos entre sí para asistir a genealogistas, historiadores y otros investigadores" (fuente: http://www.gendex.com/gedcom55/55gcint.htm#S1, The GEDCOM Standard Release 5.5).

Hasta acá, todo muy lindo. Pero GEDCOM fue desarrollado en realidad para una finalidad muy específica de sus creadores: la Iglesia. Una de sus creencias es la posibilidad de bautizar antepasados difuntos que no lo fueron en vida, para poder así reunirse con ellos en la eternidad. De ahí el interés en identificar a sus antepasados. Aclaro que no soy mormón y que me pasé un largo rato en el website de la Iglesia (http://www.mormon.org/learn/).

Entiendo que la información que maneja la Iglesia es relativamente sencilla; nombres y apellidos, fechas y lugares de nacimiento, matrimonio y defunción (de nuevo, si me equivoco ruego me corrijan). Sin embargo, los genealogistas manejan información mucho más compleja: datos de censos, partidas y documentos variadísimos, membresías en órdenes religiosas y militares, divorcios, confirmaciones, bar mitzvahs, emigraciones, testamentos, por mencionar solamente algunas. Lógicamente, los fabricantes de programas de computación para genealogía los han ido haciendo cada vez más complejos y ricos en posibilidades, con el fin de satisfacer una demanda de usuarios cada vez más sofisticados.

Hay docenas de programas genealógicos diferentes, empezando por Personal Ancestry File (PAF), de la misma Iglesia. Naturalmente, entre los usuarios de distintos programas hay un gran interés en intercambiar información. Simplemente porque estaba disponible, GEDCOM se transformó en el formato standard de transferencia, adoptado por los diferentes fabricantes de software genealógico.

¿Qué pasa cuando un formato desarrollado para una finalidad (la de la Iglesia) es utilizado para manejar datos mucho más complejos? Hay que hacer interpretaciones y concesiones. Ahí empieza el barullo; lo que el programador de un software define para la exportación de la información de su programa al GEDCOM no es necesariamente lo que el programador de otra marca de software definió para el suyo… al contrario, sería un milagro que coincidieran. Y esto lleva necesariamente a la corrupción de los datos.


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Hasta hace poco estaba en el limbo. Creía que bastaba con exportar los datos de mi programa a un GEDCOM y suponía que cualquiera que importara ese archivo recibiría exactamente mis datos. Sufrí una amarga decepción al asistir a una charla de Bob Velke, creador del programa The Master Genealogist, en la reciente GenTech 2002, conferencia de genealogía realizada en Boston el 25 y 26 de enero pasados. La charla era "Data Transfer Tools and Protocols" (herramientas de transferencia de datos y protocolos). No es mi propósito transcribir la charla y dudo que pudiera hacerlo aunque quisiera, por el nivel (estaba dirigida a usuarios sofisticados de programas y a programadores). Bob mencionó que las especificaciones del GEDCOM no sólo han ido variando con el tiempo, de la versión 4.0 a la 5.5, sino que esta última tuvo tres cambios oficiales en fechas sucesivas, más dos agregados y una retracción a uno de ellos. Señaló que diferentes programadores usan diferentes especificaciones, las interpretan de manera diferente y luego dio el golpe de gracia: hasta una cosa tan simple, aparentemente, como exportar un archivo a GEDCOM y de inmediato re-importarlo al mismo programa, lo que llamó un "viaje de ida y vuelta", no garantiza EN ABSOLUTO que el archivo importado sea idéntico al archivo original.

Cuando escuché ésto se me heló la sangre. Hace seis años que uso el programa Family Tree Maker (FTM); nunca usé otro. Lo compré cuando vine a vivir a EEUU porque vi una muy buena crítica en una revista norteamericana de computación. Mi archivo familiar tiene más de 45.000 nombres, tipeados uno por uno (no me parece una buena idea importar información de otros archivos/programas, prefiero copiarla). Ergo, tengo hecha una inversión enorme de tiempo y esfuerzo. Hace varios meses tuve un problema técnico con mi archivo y seguí las instrucciones del fabricante para solucionarlo. Una era, justamente, exportar el archivo a GEDCOM y re-importarlo… y lo hice. El dilema era clarísimo y horripilante: ¿cómo iba a darme cuenta si el "viaje de ida y vuelta" había hecho algún cambio en los datos? Imposible, salvo que me tropezara accidentalmente con algo muy obvio. No era el fin del mundo; guardo backups de los datos de tiempo en tiempo así que podía volver a una versión anterior al desastre, pero iba a tener que volver a entrar todos los datos que había agregado desde entonces (unos 2.000 nombres).

Por un detalle menor me di cuenta (tengo mala memoria) de que si bien había hecho el "viaje", evidentemente había arreglado el archivo por otro camino y la versión que estaba usando no era la del viaje. Para el que le interese: si el archivo original incluye fotos, al pasar a GEDCOM se pierden porque éste no las soporta. El mío tenía dos o tres que agregué cuando empecé a usar el programa, para probar, y seguían estando en la versión actual.

Repuesto de este episodio, se me ocurrió que debe haber muchos usuarios de programas de genealogía que deben estar en la situación en la que yo estaba antes de escuchar a Bob Velke, y por eso pensé escribir estas líneas para intentar concienciarlos de los riesgos que implica usar GEDCOM. Espero haber tenido éxito.

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