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Números anteriores: Revista semestral de Heráldica, Genealogía y Nobiliaria
IRUÑEA-PAMPELUNE-PAMPLONA - N° 1 - Invierno 2002
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HERALDIKA

Héraldique - Heráldica - Heraldry - Wappenkunde - Araldica - Heraldica
Introducción a la Heráldica
Por Fernando López Permisán

Considerada como arte en un principio (por cuanto supone de representación figurada de los escudos a efectos decorativos) y como ciencia auxiliar de la Historia en la actualidad, la Heráldica es también llamada ciencia del blasón (por su aspecto descriptivo de las armas) o ciencia heroica (porque glosaba las gestas de los caballeros).

Consiste en el estudio de las normas correctas para el uso, la composición y la explicación de los blasones o escudos de armas, entendidos éstos como insignias o emblemas honoríficos hereditarios, formados por la combinación de figuras y colores y que son empleados para distinguir e identificar de manera fácilmente perceptible a individuos, familias, linajes, casas, territorios, gremios, corporaciones y entidades del Estado o de la Iglesia.

Heraldika

Para ello, la heráldica se vale de una terminología bastante peculiar procedente en su mayor parte de antiguos términos de origen francés, pero cuya utilización resulta imprescindible por la total precisión que éstos poseen. Si ya de por sí el uso de los escudos estuvo en su origen limitado a una minoría noble, al dotarle de un léxico especial se dificulto aún más el acceso del pueblo llano.

La ciencia heráldica mantiene estrechas relaciones con otras ciencias auxiliares de la Historia como la sigilografía (consistente en el estudio de los sellos con que se validaban los documentos), la genealogía nobiliaria (algo así como la historia de las familias) y el derecho nobiliario (que estudia la sucesión en la posesión de títulos).

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ORIGEN: TORNEOS, HERALDOS, GUERRAS Y CRUZADAS

Dejando a un lado fantasiosas teorías que afirman que el uso de los blasones data de tiempos del mismísimo Adán, o que el arcángel san Miguel (tan venerado en el santuario de Aralar y en todo nuestro pais) portaba un escudo plateado con cruz roja en su lucha contra Lucifer, parece de común aceptación, incluso para los estudiosos franceses, que los escudos de armas comenzaron a utilizarse en Alemania durante el reinado del Emperador Enrique I de Sajonia (918-936).

Surgieron ante la necesidad de identificar a los caballeros que participaban en los torneos medievales, tarea dificultada por el uso de yelmos y armaduras. De la misma manera que se hace hoy en día en los partidos de pelota o en las regatas de traineras, los distintos contricantes que participaban en los torneos se distinguían por el uso de colores o por la elección de determinadas figuras que colocaban en el lugar más apropiado y visible: banderas, estandartes, los ropajes de los caballos o el escudo defensivo, convertido con el tiempo en el soporte habitual de los escudos de armas.

También en nuestro pais hubo torneos (Juan Carlos de Guerra nos habla de uno organizado por el Conde de Oñati en 1581). En estos certámenes tenían especial importancia los "heraldos" (de donde deriva la palabra heráldica) que eran los encargados de dirigirlos y de identificar las armas de los caballeros que tomaban parte en ellos, proclamándolas al público en el momento de su entrada en liza al son de un cuerno llamado "blasen" (de donde deriva la palabra blasón).

Pero el uso de estas insignias no se limitaba a los torneos, sino que también las utilizaban los caballeros en tiempo de guerra. De hecho su boom vino gracias a las Cruzadas, extendiéndose por toda Europa al termino de la primera de ellas (s. XII). Los caballeros vascos acudieron a las Cruzadas bajo el estandarte de los monarcas navarros Teobaldo I (1239) y Teobaldo II (1268), y en unión de los caballeros franceses. Y es que Navarra mantenía estrechas relaciones con Francia y Alemania, durante los siglos XI y XII, en los que se formó el arte heráldico de dichos estados. Por eso la heráldica llegó a nuestro pais antes que a Castilla. Primero fueron los navarros, por influjo del norte, pero pronto llegó a Gipuzkoa donde antes de 1200 eran ya al menos 17 las Casas de Parientes Mayores con blasón en el libro de armería del Reino de Navarra. Aunque al principio limitado a las casas más importantes (las de parientes mayores o cabos de armería) el uso de emblemas heráldicos fue exténdiéndose luego a las demás casas de la nobleza general. Los primeros fueron tomados como modelo, siendo imitados cuando no mediaba parentesco o por modificación o brisura cuando sí lo había. Por eso al generalizarse el uso de los escudos los cabos de linaje o primogénitos de los solares más antiguos comenzaron a utilizar la inscripción "No porta de otro".

Uno de los primeros escudos de armas de nuestro pais, y antiguo símbolo del reino vascón, fue el águila negra (arrano beltza) que portaba en su escudo el monarca Sancho VII el Fuerte y quizás también alguno de sus antecesores. Y es que en un primer momento los escudos eran personales, y se elegían de manera completamente arbitraria. Pero a principios del s. XII comenzaron a ser permanentes y hereditarios, transmitiéndose de padres a hijos, con lo que se empezó a llevar un registro y a regular su uso. El trabajo de los heraldos se extendió entonces a determinar qué escudo correspondía a cada familia, trabajo que posteriormente realizaron los reyes de armas y más tarde los heraldistas. Es en ese momento, cuando los símbolos dejan de ser personales para ser ser adscritos a linajes determinados, cuando se puede empezar a hablar propiamente de escudos de armas. Y para el s. XIV el titular podía ser una ciudad, una villa, gremios y órdenes religiosas o incluso territorios.

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SIMBOLISMOS FANTASIOSOS: LAS FALSAS CADENAS

El diseño de los escudos era muy sencillo en su origen, limitándose a una simple combinación de colores. Poco a poco fueron complicándose con la introducción de las figuras, que como queda dicho eran elegidas de manera arbitraria y sin más base ni criterio que el capricho personal o como mucho la etimología del apellido. Sin embargo se ha dotado a estas figuras de orígenes, simbolísmos y significados fabulosos y legendarios casi siempre inadmisibles. Una mezcla de fantasía y vanidad. Fantasía de cronistas aduladores y falsarios que tergiversaban la historia y las genealogías para halago de burgueses vanidosos. Y para confusión de las generaciones venideras.

Una leyenda muy difundida, incluso en nuestros días, es la que identifica las cadenas del escudo de Navarra con las que rodeaban el palenque de Miramamolín en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) y que rompió Sancho el Fuerte. Pues bien, de haber sido así el propio monarca las habría incluido en su escudo de armas tras la victoria en dicha batalla y sin embargo años más tarde seguía utilizando el emblema del águila negra. Pero es que además, como mantiene Faustino Menendez Pidal, las cadenas no son tales, sino que se trataba de un refuerzo del escudo en forma de bicrucífera o estrella de ocho puntas que ya se había usado con bastantes años de anterioridad a la batalla.

Se salvan de las interpretaciones fantásticas los llamados escudos parlantes, tan abundantes en la heráldica vasca, y que intentan ser una representación gráfica del significado etimológico (falso en muchas ocasiones) del apellido. Ejemplos hay a montones: Idiaquez trae un buey (Idia), Zaldibia dos caballos (Zaldi Bi), Olleta dos ollas, Sagastizabal un manzano (Sagasti),... Quizás rigiesen los caprichos simbólicos en la elección de un escudo pero una vez elegido pasaba a representar a la familia en todas partes, y puesto que la casa era la esencia misma de la familia vasca el escudo pasaba a formar parte de la misma, siendo colocado en el lugar más importante de ella.

Hasta finales del s. XVI era costumbre general pedir autorización mediante acta notarial a los poseedores de las Casas armeras o parientes mayores de los linajes para la utilización de sus escudos (siempre que se fuese descendiente de dicho solar). A raiz de la Real Pragmática dictada por Felipe II el 23 de septiembre de 1595 la autorización del uso de armas recayó en los Reyes de Armas que expedían diplomas al efecto.

Pero también era frecuente que la propia casa solariega cambiase de escudo de armas a pesar de seguir en manos del mismo linaje. Y es que hombres de letras y militares preferían en muchas ocasiones hacer ostentación de sus propios méritos que de los de sus mayores, y a pesar de tener heredados escudos escogían otros nuevos al obtener nuevo grado académico o alguna señalada victoria (era común adoptar las armas del vencido).

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CONCLUSIÓN

Los escudos de armas, surgidos con un marcado carácter individual al amparo de las Cruzadas y los torneos medievales, son hoy el distintivo de casas, familias y linajes. Pero no se debe caer en el error de pensar que a cada apellido le corresponde un escudo de armas, pues de la misma manera que hay apellidos sin escudo hay también algunos que les corresponde más de uno (pertenecientes a linajes distintos).

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