VIDA Y MARTIRIO DE SAN VITORES
“En
la Bureba hacia montes de Oca y sobre Belorado está la Villa de Cerezo en sitio
fuerte, y campo fértil, que en lo antiguo la hicieron muy sobresaliente y
poblada: pues prescindiendo de los que liberalmente la dieron siete mil vecinos,
consta haber sido cabeza de Condado, cuando florecían los Condes de Castilla.
Se
hizo muy nombrado este pueblo desde el siglo nueve, por haber sido patria de San
Vitores, mártir del tiempo de los Moros. Su vida y martirio anda muy repetida
en los Autores desde el siglo XVI. Yo tengo la que en el Siglo XV escribió en
latín Andrés Cerezo, de orden del
Sr. Obispo de Burgos D. Luis de Acuña, conforme se copió de la que hay en el
Convento de S. Francisco donde está su sagrado cuerpo: y aunque la imprimió en
lengua vulgar el Doctor Carrasco, con todo eso no ha conocido el público el
tiempo, ni el Autor, por no haberse publicado la latina con nombre de Andrés
Cerezo de orden del expresado Obispo, ni haber nombrado Carrasco al Autor de la
suya. El título de la puesta en el Apéndice dice fue escrita en latín y en
español por Cerezo, aunque allí sólo pone latina: pero creo que la impresa en
Carrasco es la compuesta por Cerezo en español, porque el estilo no desdice de
su tiempo, que fue por los años de 1460 en adelante.
El
Breviario Burgense del año 1538 dice así: Nació Vitores en Cerezo, de la Diócesis
de Burgos: y después de instruirse en las sagradas letras, y haber servido algún
tiempo en el ministerio Sacerdotal, se retiró a la soledad de Oña, huyendo de
las vanidades del mundo. Vivió allí siete años en una cueva, empleado en
alabanzas divinas, y en todos aquellos años tuvieron los Moros puesto sitio a
Cerezo, ciudad entonces grande. Pero apareciendo un Ángel a San Vitores, le
dijo fuese a librar a su patria, que estaba ya para rendirse, y que él la
libraría, y lograría la palma de martirio.
Vino
el Santo a Cerezo, donde con dificultad fue conocido. Salió al campo de los
enemigos y no sólo recobró para la fe a algunos cristianos que habían
apostatado, sino que manifestando los errores de Mahoma, convirtió a muchos
Moros. El jefe Gaza (a quien intitulan
Rey) mandó prender al Santo: y puesto en su presencia, le hizo Dios el
beneficio de librarle de la enfermedad de gota (no de lepra, como algunos
escriben) pero empeñándose en que abrazara la secta de Mahoma, empezó el
Santo a enardecerse contra ella, y por tanto le hizo encarcelar. Allí mismo
convirtió con su predicación muchas almas: lo que oído por el Rey, mandó le
degollasen. El Santo pidió que primero le crucificasen, como lo hicieron. Tres
días vivió en la Cruz, convirtiendo a muchos, y haciendo particulares
milagros. Un infeliz burlándose del crucificado, le escupió: y anunciándole
el Santo que moriría antes de volver a la Ciudad, se cumplió así.
Depusiéronle
de la Cruz, y le degollaron: pero cogiendo el Santo su cabeza entre las manos,
se fue a la Ciudad de Cerezo, y persuadió a los habitadores que diesen a una
vaca el poco trigo que les había quedado, hasta hartarla, y que la echasen
fuera al campo de los enemigos: los cuales la alancearon, y viendo que estaba
llena de trigo, desconfiaron de rendirlos por hambre, y levantaron el sitio.
Esto es lo que imprimieron los Padres Antuerpienses: pero el Breviario
prosigue diciendo que el mismo Santo señaló el sitio donde le habían de
sepultar, y que dando su alma a Dios, subió a los cielos. Pero Andrés Cerezo añadió
muchas particularidades.

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