HISTORIA DEL SANTO


 

            Junto al río Tirón se halla la estratégica villa de Cerezo Río Tirón, muy famosa en la Castilla ducal. Su fundación se pierde en la lejanía de la historia.

            En la antigüedad se llamaba Cerasia o Cerosia, por ello sus habitantes se llamaban cerosianos. Se sabe que fue dominada por los romanos, los godos y los árabes, y que la conquistó el conde Gonzalo Tellez por el año 900.

            Tuvo una gran importancia durante toda la Edad Media, pero la gran gloria de Cerezo fue que en ella vino al mundo San Vitores, cuya devoción ha sido y es muy popular en las tierras burgalesas.

            No se tienen noticias de la fecha de su nacimiento, pero sus padres debieron tener buena posición, ya que le educaron con esmerado cidado. Y desde niño su deseo más ferviente era el de ser sacerdote, y llegó a alcanzar esta meta, pues fue párroco de la iglesia de Nuestra Señora de Villalba de Cerezo, donde se entregó de todo corazón a su misión y se distinguió por “padre del huérfano, báculo del anciano, defensor del pobre, auxiliador del enfermo,...”.

            Era muy querido por sus feligreses y era causa de que todos le aclamaban, pero él, en su humildad, se encerraba en su humilde habitación a orar y meditar y allí fue donde la gracia de Dios le iluminó y se retiró a la soledad de los montes.

            Salió de su casa con pasos secretos, procurando no ser visto y se encaminó a su apetecido retiro, llegando a los escarpados montes de Oña, y allí en un paraje, cercano a Tamayo donde, en una cueva, construyó un altar para decir Misa. Hoy hay una pequeña ermita que sirve para peregrinación de las gentes de estos lugares.

            Así pasó San Vitores unos cuantos años de penitencias y oraciones. Hasta que un día recibe la noticia de que Cerezo es sitiada y conquistada por los sarracenos y que el pueblo solicitaba su ayuda, y sin más demora regresa a su tierra.

            De humilde ermitaño y penitente retirado del mundo, se convierte en caudillo de la mejor milicia. Consuela a los afligidos, da fuerza a los enfermos, predica con gran fervor la fe de Cristo, devuelve a la religión a los que la abandonaron y convierte a ella a muchos árabes.

            Sería muy largo enumerar los hechos y milagros de San Vitores en esta época. Convierte al cristianismo a la joven doncella Coloma, hija del jefe moro Mohamed Zaqueta, quien la decapita con su propia espada al no querer renegar de su nueva religión. Hoy es Santa Coloma. Libera a siete doncellas encarceladas por los árabes y cura milagrosamente de penosa enfermedad al mismo jefe Mohamed Zaqueta, y así infinidad de cosas.

            Sigue predicando entre los sarracenos la fe de Cristo, por lo que fue apresado y, allá por los años 950, fue decapitado. De un sólo golpe fue derribada al suelo aquella santa cabeza, brotando al punto de su cuerpo una fuente de leche y sangre, salpicando a las áridas raíces y secos troncos de unos matorrales, retoñando repentina y milagrosamente en abundantes hojas y sazonados frutos.

            Su imagen se representa con la cabeza decapitada en sus manos, ya que según la tradición estuvo tres días predicando con ella en las manos.

            Mucho se podría escribir de la vida y milagros de este Santo. Su sepulcro se encuentra en Fresno de Río Tirón, donde es venerado por sus muchos devotos.

            La fiesta se celebra el 26 de Agosto, pues se supone que ese día fue decapitado, y se celebra en Cerezo, Belorado, Fresno, Oña, FRÍAS, y en varios pueblos de España.

 

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