Antón Hurtado Caminando a Santiago |
Zubiri (Navarra)
Pasé el día quitándome y poniéndome el poncho mientras lloviznaba sin fundamento y caminando casi todo el tiempo por el interior del bosque. En un momento, al salir a un claro, se presenta ante los ojos una espléndida panorámica en la que se ve, al fondo del valle, la comarca de Zubiri. Enseguida te planteas la necesidad de parar y ponerte a pintar y estando en éstas, te encuentras con los restos de la antigua Venta del Puerto, antigua parada obligada de peregrinos y caminantes. Tiempos pasados. Estaba claro, paré, monté los bártulos para pintar, comí un trozo de pan con chocolate y a pintar. La panorámica era el espejo claro del día: nubes cruzando el cielo con celeridad y el sol iluminando el valle por los resquicios que dejaba el nublado cielo. Apenas quedan tres o cuatro kilómetros hasta Zubiri, pero de descenso incómodo y pedregoso al que hay que prestar atención si no quieres tener una torcedura de tobillo. A media tarde ya me había duchado en el albergue municipal y con tantas horas por delante decidí acercarme al puente y pintarlo, aunque me las tuve que arreglar para evitar meter dentro del encuadre la casa que se está construyendo junto a él. Una auténtica tropelía que habría que evitar que se concluyera. Al menos así pienso yo. La citada construcción, creo, invade el terreno del puente y sobrepasa en altura. Un despropósito. El Puente de Zubiri tiene su leyenda, y aunque no creo en estas cosas, a ella me agarro para que nos libren de tal atropello. Puente medieval de dos ojos de medio punto sobre el río Arga y al que denominan "de la rabia". Es curioso. |