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Catedral
de Santiago (Santiago,
La Coruña)
Santiago,
22 de Noviembre de 2003. Me situé en unos de los rincones de la
Plaza del Obradoiro para pintar la Catedral. La pinté al volver
de Finisterre, pues el día que llegué a Santiago estuvo
todo el día lloviendo. La plaza es uno de los lugares en el que
desembocamos todos. El bullicio y el colorido está garantizado
y a ello contribuyen los "peregrinos" que vestidos a la manera
clásica, con capa, el sombrero de fieltro con la vieira y un buen
bordón, son objeto de todas las miradas mientras como música
de fondo suena el tañer machacón de un gaitero que repite
incesantemente los mismos sones durante horas, tan sólo acallados
por el cancionero de una tuna o el alboroto de un autobús repleto
de jóvenes estudiantes celebrando el fin de sus estudios. En fin,
la plaza es un hervidero.
Santiago tiene algo especial. Su casco antiguo de estrechas callejuelas
de suelo de losas de granito desgastado por el deambular de peregrinos,
de turistas, de estudiantes o sus lugareños. Que decir de sus recoletos
soportales, de sus comercios, sus bares y restaurantes. Los discretos
miradores o los forjados de sus balconadas. Sus conventos, sus iglesias
o sus edificios civiles... No digo nada si el día es brumoso o
está orvallando.
Pintada el 22-11-2003 - Tamaño: 32 x 38 cm |