Evitan que un hombre que pedía ver a su ex mujer se lance desde un puente
Policías Municipales agarraron en un descuido al individuo, que se había colocado en el borde del viaducto de Miraflores
Agentes de la Policía Municipal y sanitarios impidieron ayer que un hombre separado y con antecedentes por malos tratos, cumpliera su amenaza de lanzarse desde lo alto del puente de Miraflores, en Bilbao, a unos 50 metros de altura sobre la ría. Había saltado la barandilla y se había colocado en el borde del viaducto, sobre el el barrio de Zamakola, alrededor de las once y media de la mañana. Con graves problemas económicos y emocionales y aspecto cansado, reclamaba la presencia de su ex mujer para que fuera testigo de su temeraria acción.
De inmediato, se movilizaron los servicios de emergencia de la ciudad: Policía Municipal, ambulancias y Ertzaintza. Entre ellos, intervino una agente de la guardia urbana con experiencia en este tipo de casos. «Hubo mucha tensión, hizo varios amagos de tirarse, y si lo hubiera hecho no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir», confesó la profesional en declaraciones a este periódico. La policía, de nombre María, salvó en 2002 a una mujer brasileña que se había encaramado a la ventana de un quinto piso en el Campo Volantín con la intención de acabar con su vida lanzándose al vacío después de una hora de conversación con ella.
María y su compañero, miembros de la unidad de investigación de delitos, conocida como 'Limas', se encontraban «en ruta» durante su turno de mañana y escucharon el aviso por la emisora. Antes de que se lo ordenaran, se dirigieron hacia el lugar, situado en una de las entradas a la autopista A-8 desde los barrios de Santutxu y Txurdinaga. Cuando llegaron, «una compañera de una ambulancia estaba hablando ya con él, así que nos mantuvimos al margen». Licenciada en Psicología, la agente sabía que la médico de Osakidetza podía haber logrado un «vínculo, una alianza emocional» con la persona para ganarse su confianza y conseguir así que desistiera de sus intenciones.
Optaron por ir acercándose «pasito a paso por el extremo opuesto». Los policías habían acordado entablar una conversación con él y aprovechar «un descuido» para si fuera posible sujetarle «por la fuerza». La estrategia se prolongó durante cerca de una hora y media. El hombre estaba «enrocado» y «amenazaba con lanzarse si nos acercábamos», por lo que tenían que «retroceder».
«Círculo de atención»
La «formación específica» le sirvió a la especialista, sobre todo, «para saber qué no hacer». El exceso de ruido, la expectación de público o el tráfico podían crear «un círculo de atención» que empujaran al individuo a cumplir su advertencia, y si transcurría demasiado tiempo, el cansancio podía hacer mella. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, le preguntó su nombre y empezó a hablar con él.
En un momento de despiste, ella y su compañero de patrulla le agarraron cada uno por un brazo y le redujeron. Entonces, «se derrumbó y rompió a llorar; le tranquilizamos y le dijimos que ya había pasado todo». Una ambulancia le trasladó, custodiado por la Policía Municipal, hasta la Unidad de Psiquiatría del hospital de Basurto, donde quedó en manos de especialistas.
María se mostraba ayer «satisfecha» después de haber pasado «un mal rato que no le deseo a nadie. Si sale bien, perfecto, pero si no... Al final la decisión de tirarse siempre es de la persona».