ARTE DEL TAPIZ: 

Su relación metafórica con la vida

     El principio que caracteriza esta manifestación artística es su bella simplicidad: ¿puede haber algo más simple que el cruce de dos hilos, uno vertical (urdimbre) con otro horizontal (trama)?. El cruce de ambos hilos forman un nudo y la configuración de todos los nudos crean el tapiz. Dos hilos cruzados y sujetos sobre sí mismos, que unidos a otros, permiten a la materia expresarse y con ello elevarse por encima de su limitada naturaleza, ampliando así el sentido de su existencia.
      Cuanto más íntima es la relación con este bello arte, más nos sobrecoge el comprobar la precisa descripción metafórica que nos presenta de la vida. Puede llegar a convertirse, casi, en una alegoría de nostros mismos.
      En el proceso creativo de su concepción, común en toda expresión artística, se siente el alma como "embarazada". Posteriormente, en su realización, la obra va creciendo en el telar, como si del seno materno se tratara, ordenada y meticulosamente, con lentitud, de abajo hacia arriba, en una "monotonía" de amanecer y sabor a cotidiano, donde aparentemente nada pasa, pero... todo sucede. Es un proceso de esperanzada y humilde gestación que da lugar al alumbramiento cuando, cortados los últimos hilos de la urdimbre, que como cordón umbilical le mantenían unido al telar, el tapiz adquiere su irrepetible identidad. Su vida propia.
      Igual que en el tapiz, también el entramado de nuestra vida está compuesto por dos realidades, una vertical: -inspiración- y otra horizontal: -trabajo-. La unión entre ambas, su relación, es lo que da sentido a nuestra existencia.
      Como en él, también en nuestra vida existe un anverso y un reverso difuso que tenemos que explorar si queremos descubrir nuestra unidad y en ella, el ritmo y la belleza de nuestra armonía.
      Mediante esta metáfora podemos acercarnos a la comprensión de la experiencia creativa contenida en el lenguaje de la expresión artística, como algo más que una estética, que nos ayudará a buscar las claves que nos permitan desarrollar un idioma común, capaz de conducirnos hacia un verdadero entendimiento lleno de comprensión y respeto; y recuperar así lo esencial de nuestra mirada:

Aprender a mirar ... para poder VER.
Ver... para llegar a SENTIR.
Sentir ... para poder COMPRENDER.
Comprender ...
para llegar a RESPETAR.
Respetar ... para VIVIR.

      Por todo ello se puede afirmar que nos encontramos ante un manifestación artística de cualidades excepcionales, que por su historia y la naturaleza de su estructura, está íntimamente relacionada con nuestro desarrollo personal, no siendo casual, por tanto, que esté ecompañando al hombre desde épocas inmemoriales.

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