N U E S T R
A T I E R R A ::
Los valles de Roncal y
Salazar los encontramos en la esquina
nor-oriental de Navarra en el momento que
el relieve pirenáico se alza sobre los
2.000 metros de altitud, en la muga con
Zuberoa donde se enclava solitario el
pico de ORHI , el primer dos mil.
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En la zona de Roncal
nos llamará la atención el pico Mesa de
los tres Reyes (2.428 m.) que constituye
la cúspide Navarra, entre otras cumbres
destaca el piramidal pico de Anie o
Auñamendi, cumbre que alcanza los 2.507
m. que aunque enclavada en territorio de
Bearne es considerada geográficamente
con entronque pirenáico
vasco-bearno-aragonés.
Junto con estas y
numerosas cumbres mas, domina la zona
kárstica de Larra, una gran región
caliza roturada y horadada por las
intensas lluvias y nieves que han
convertido su subsuelo en numerosas
galerías y simas .Simas como la bien
conocida Piedra de San Martín o la BU-
56 son de gran interés para los
espeleólogos para llevar a cabo
expediciones a los abismos más profundo
de la Tierra.
Roncal tiene además de
Larra en Belagua otros valles secundarios
para visitar y realizar travesías por
los valles de Belabarce junto la masa
calcárea de Ezcaurre, el idílico
Mintxate con su pequeña foz, el frondoso
Binies, el Gardelar por donde se llega a
Ansó o el angosto barranco de
Urralegi..
Los roncaleses así
como los salacencos han conocido desde
tiempos remotos la vida pastoril que se
han mantenido hasta nuestros días en el
ir y venir estacional de grandes rebaños
de ovino. De ahí la gran fama de sus
quesos artesanales elaborados
en los propios majadales estivales por
las curtidas manos de los pastores.
Ya desde el siglo XIV se conoce el medio
habitual de transportar la madera que se
talaba en los bosques y que ha pervivido
hasta hace muy poco.( 1950+o-) son las
almadias.
Entre las
tradiciones roncalesas sobresale la
celebración del Tributo de las Tres
Vacas en el mojón 262
como consecuencia de antiguas reyertas
por la utilización de los
pastos y fuentes fronterizas, la leyenda
del anillo perdido en el Ibon de
Ezkaurre, la lamía que se esconde entre
las rocas del Auñamendi o Anie y la
leyenda de la Herensugea de la cueva de
Antxomarro. En estos valles los otoños
comienzan con el descenso de los rebaños
de ovejas hacia la Ribera del Ebro para
pasar el invierno
en las Bardenas Reales. Esta antiguas
rutas están datadas desde el siglo XV,
así como los derechos a utilizar los
pastos de las Bardenas para invernar
datados en el siglo XVI., es la
trashumancia.
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