| Rincón de la tertulia | |
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Veladas anteriores &&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&& VELADAS CON FELIPE EL PAYASO *O*
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&& ¡Hoy hace frío. Bebamos
un vaso de buen vino que nos caliente la sangre y refresque la mente.
A nuestra salud!
Puta vieja celestina Así es conocida una vieja amiga. Cuando voy a su taberna me acoge con cariño y mucho consejo: "Felipillo, loquito, tontuelo, deja tus payasadas y tórnate con la doctrina de los mayores a la razón. ¡Pobre muere quien en la calle envejece! ¡No vivas en flores! Vive esta tu rara profesión pero no con firme lealtad proponiendo constancia en lo movible, como son estos tiempos. A todos quieres servir sin servir a ninguno. Cara, muy cara cuesta tu libertad. Felipillo, loquillo, simplecico ¡anda, tómate este vino y piensa detenidamente, que como madre tuya te aconsejo lo mejor y te doy buen vino! No sé si puedo cambiar de pellejo como de ropa. Ni sé cómo hacerlo. De todas formas la última vez me quedé algo pensativo y me miré largamente en el espejo del oscuro lavabo. "Qué amigo, ¿ya no se reconoce?. Nos pasa un poco a todos - me dijo un cliente del bar. - El frescor de la juventud se me fue entre paños y lienzos, que soy fabricante de tejidos, y muy próspero, pero la próspera fortuna me mostró un día su anzuelo, y ví que no la podía huír, que me tiene ya cazada la voluntad y cautiva el alma. Sólo encuentro un grato placer en Ca la Celestina. " La verdad es que no le entendí bien lo que me quiso decir, pero me pareció que todos andamos como locos de un lado para otro y que la vida mientras tanto se nos pira sigilosa y sin ruido entre sueños y distracciones. "Escucha, vieja - le dije a Celestina- mi vida de payaso y mi nariz roja es lo que tengo y tú bien sabes reír y retorcer el cuerpo y las manos de gusto con ello" - Le dije imitando un poco esa manera antigua que tiene Celes de hablar. Ella me miró muy seria y dando un buen trago me respondió: - "¡Ay, Felipillo, angelito, quien me ha visto y quién me ve ahora; subí para descender, florecí para secarme, amé y gocé para entristecerme, nací para vivir, viví para crecer, crecí para morir y morí para volver y vuelvo para saberte y sabe si no sabes que para las necesidades de la vida buen acorro te será esta vieja, amiga, madre y más que madre. En mi casa nunca te faltará un vaso de buen vino." -La flor seca también tiene su encanto, Celes. - le dije yo. -¡Calla, putico, y sabe, si no sabes, cuan peligroso es el pajar viejo si se incendia, sobre todo si el fuego es grande como tu hermosura! - Y se rió fuerte como sólo Celes sabe hacerlo, mientras yo la contemplaba confuso y un poco azorado por las miradas y las risas de todo el mundo. -¡Bebe hijo, y afloja tu mucha vergüenza!
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