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Rincón de la tertulia
Veladas con Felipe el Payaso | Veladas anteriores

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VELADAS CON FELIPE EL PAYASO

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Hola colegas. Algunos de vosotros me escribís comentándome de vuestro trabajo y me preguntaís sobre la manera de sobrevivir. Lo que sí es importante es cómo nos organizamos y el nombre que le damos a los diferentes aspectos de nuestro trabajo. Si cada cosa tiene el nombre adecuado nuestras estrategias pueden ser mucho más eficaces. El lenguaje es muy importante para sobrevivir. Por ejemplo una actuación espontánea sin contrato previo: "Trabajo de promoción". Ofrecer una actuación gratis: "Trabajo de inversión". Actuación pagada: "Capítulo ventas". Durante una actuación fotografiar las bocas del auditorio, con sus sonrisas, sus bonitas dentaduras, empastes y carcajadas sonoras: "Capítulo ganancias". Así vamos diseñando la geografía en la que nos movemos y podemos ir colocando las diferentes banderitas en nuestra guerra de la supervivencia, con sus triunfos y derrotas, pero sin olvidar que una batalla no es la guerra y ganar la guerra significa llegar al final de nuestra vida, y para eso: ¡no hay prisa, colegas!.

PAYASADAS

No soy un gran payaso de circo y por supuesto tampoco soy famoso. No salgo en la tele y no actúo en grandes teatros, salvo en contadas ocasiones. Y si no sales en la tele y no eres un payaso famoso entonces te pareces más a un mendigo que a un poeta. Esto último lo digo porque Leti siempre ha insistido en comparar a los payasos con los poetas, pero la verdad es que yo no soy capaz de hacer medianamente bien una rima. Así que en resumidas cuentas os aclaro a todos que soy un payaso anónimo y que actúo por aquí y allá en calles y plazas, tugurios y locales nocturnos . En estos últimos canto algunas canciones acompañado de una trompeta, que no la toco muy mal y cuento historias absurdas sacadas de mi vida de cada día, pero que tienen la virtud de resultar risibles. ¡Vamos, como mi vida de cada día! Por ejemplo cuento la historia del mecánico Julio, que intenta arreglar una máquina, pero ésta enloquece y empieza a dar vueltas. Entonces yo me pongo a dar vueltas en todas las direcciones imitando a la máquina, hasta que llega el jefe y se enfada con el mecánico Julio. Yo hago los dos papeles. Por un lado soy el jefe Malaleche y por otro el mecánico Julio. La conversación resulta muy accidentada. Finalmente la máquina se para y se para Julio el mecánico y se para el jefe Malaleche. Se miran retadoramente. Yo cojo la trompeta y hago sonar sus miradas retadoras. Este momento con la trompeta provoca muchas carcajadas hasta que entono una melodía y termino cantando la despedida de Julio el mecánico, el cual antes de irse se dirige al público advirtiéndoles sobre la mala leche de algunos jefes. El discurso final es cada vez distinto. Para ello me fijo en las noticias del día y saco mis gags de las crónicas. Los números son inocentes, pero me sirven para condimentarlos con la crónica del día, que es todo menos inocente.

Puedo imitar a un aduanero marroquí discutiendo con un camionero español. A un quinqui de mala muerte contando que acaba de afanar el bolso a una vieja. A un yugoslavo hablando de su familia y necesidades de trabajo. A un político realizando su mitin filosófico sobre la nada, o a un tabernero discutiendo con un borracho... o a un borracho discutiendo con un tabernero, según, personajes con los que me encuentro todos los días. O sencillamente abro el periódico y leo las noticias.

En nuestros números Leti y yo, a la que hace mucho que no veo, por cierto, nunca hemos pasado la gorra, boina, txapela, plato o lo que sea, aunque la gente siempre nos ha llenado los bolsillos. En general no de dinero sino de cosas como higos, mandarinas, nueces, frutas diversas según la estación, y alguna moneda también. Ahora tampoco paso la txapela. Soy un payaso profesional al que se le contrata por una suma que varía según las circunstancias. A veces también actúo gratis. La verdad es que bastante a menudo, pero como soy un payaso profesional mis actuaciones gratis las considero dentro del "capítulo inversión". Tengo buenas y malas rachas. Cuando tengo una buena racha me siento un hombre afortunado y pienso que todo el mundo piensa en mí y me adora . Pero en las malas ... bueno, me desespero y cojo mi trompeta y me dedico a profundizar el capítulo "promoción del trabajo" y voy por calles y plazas a dar a conocer la actividad de un payaso tocando melodías tristes en tono menor que les da un aire irresistible y hace que la gente se detenga a escucharlas. Un payaso triste siempre despierta una gran solidaridad entre la gente.