Veladas anteriores
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VELADAS CON FELIPE EL PAYASO
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Hola colegas, quiero compartir
con vosotros otro rato.
Yo me curro mucho la calle
y encuentro seres muy
heterogéneos y fascinantes.
Me gustan especialmente los
artistas.
Los callejeros, claro.
¡Un brindis por ellos!
¡Salud amigos !
Maria la vagabunda
¿Leti, no te gustaría ser vagabunda?
Estas preguntas se las hacía a Leticia, porque si
se las hubiera hecho a cualquiera de mis novias corría peligro
de ser abandonado inmediatamente.
-Ya lo somos. Dijo ella.
-Pero nosotros tenemos siempre una cama donde dormir y no
vivimos en la calle. Le respondí.
Se puede dormir en la calle y tener un alma muy doméstica
y poco vagabunda o aventurera, peregrina, nómada, da igual. Y da
igual si duermes en la calle o no.
Leti y yo teníamos una amiga vagabunda que se llamaba María.
Creo que respondía a la descripción que Leti había
hecho de la persona vagabunda. María empezó viviendo en
la calle. Era música, pero sobre todo era una maga y una poetisa.
Creo que la vida en la calle era muy dura y le impedía ser la poetisa
que ella era. Se dejó socorrer por unos frailes de una Iglesia
de la ciudad, donde se quedó a vivir y a seguir con su vida vagabunda,
pero mejor organizada. Porque su vida siguió siendo vagabunda y
ni siquiera creo que tuviera ninguna obligación hacia quienes le
ofrecieron un techo donde refugiarse del duro invierno. Recibía
a la gente y la aconsejaba en sus problemas. Sus consejos solían
ser muy pintorescos: salta más... no bebas tanto aire... cuidado
con las señales del cielo ¡estate atento!...escribe canciones
y no juegues... si llueve y te mojas no te preocupes, pero si hace viento
sujétate bien el pelo... Cosas así.
¡Hola María, soy felipe el payaso y soy vagabundo!
No, Felipe, tú no eres un vagabundo, sino un peregrino.
¿Cuál es la diferencia?
Los peregrinos caminan hacia un santuario. Algunos llegan enseguida y
otros necesitan una vida y algunos aparentemente no llegan nunca, porque
necesitan muchas vidas para llegar. Tu sigue tu camino. Descansa de vez
en cuando. El plato de comida te espera siempre.
Las mujeres siempre me desconciertan. Son tan prácticas. No me
atreví a preguntar si el plato era de garbanzos, ése que
mi hermana me decía tener listo para mí. Pero ¿hacia
dónde caminaba yo, si es que caminaba hacia alguna parte?
¿Qué santuario? ¿De qué habla
María, Leti?
-¿Tu santuario?
-Sí.
- Amapola ¿no?
- Mi novia Amapola del tercer mundo. ¿Qué
será de ella? ¡Me gustaría tanto encontrarla! ¿Y
el tuyo?¿Cómo se llama tu santuario, Leti?
-Seguro que tú lo sabrás antes que yo.
Leticia siempre me dejaba ¡k.o.! Como en un combate
de boxeo.
¿Leti, siempre tienes respuesta para todo?
Si tú me preguntas de ti, yo sé lo que veo. Y tú
puedes verme mejor que yo. No lo olvides, yo te querré siempre.
Eso último no me lo esperaba y me emocioné mucho. Sobre
todo porque yo también quería mucho a Leticia y hablar con
ella me gustaba mucho, aunque me desconcertara, porque yo no me aclaraba
de casi nada y nunca hallaba una media respuesta que darme. Con Leti me
sentía como cuando de pequeño me iba de casa dejando mi
cuarto bien ordenado. Cuando transcurría mucho tiempo sin verla,
se iba creando dentro de mí el mismo desasosiego que cuando llevaba
mucho tiempo sin arreglar mi cuarto . Con Leti mi cuarto volvía
a estar agradablemente acogedor y mis cosas estaban en el sitio que les
correspondía, o en sitios nuevos más apropiados. Yo creo
que las personas somos nuestro cuarto de niños.
-¿Leti, hasta cuándo seguiremos haciendo nuestros
números juntos?
Tú procura que tu nariz no pierda color . Y
que por tus ojos no se asome nadie que no deba.
¿No tienes miedo, Leti, de que por tus ojos se asome alguien que
no debe?
Si tú ves algo tienes que avisarme enseguida ¿de acuerdo?
Hicimos el pacto de avisarnos si notábamos algo raro en nuestros
ojos o en cualquier otra parte del cuerpo.
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