agerre teatroa
Rincón de la tertulia
Veladas con Felipe el Payaso | Veladas anteriores

Veladas anteriores

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

VELADAS CON FELIPE EL PAYASO

*O*
/<>\

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Quiero hablaros de abrir, de pasar,
de entrar, de asomarse,
de mirar, de curiosear...
verbos muy queridos por
mi imaginación de payaso.

iiii iiiiiii V

iii iiiiiii LLUIKKSSS

iiiiiii
LA LLUVIA LA LLU V I A

Os he hablado de mi puerta en alguna otra ocasión. Ya sabeís que me la llevo a muchos sitios. La abro, la cierro. La dejo también entreabierta. Nada como una puerta para entrar y salir a todos los mundos posibles. La gente cuando la ve en medio de cualquier sitio la rodea y algunos entran y salen por ella riendo. Yo me coloco junto a ella, como el portero del fin del mundo, que diría Leticia y acostumbro a empezar mis espectáculos abriéndola. Algo dentro de mí se abre. La puerta tiene que ser ligera para que pueda ser transportada de un sitio a otro sin problemas. De esta manera la colocas donde quieras, en la playa, en la plaza, en una calle, en medio del malecón y con vistas al mar. Una tarde de lluvia no vino nadie a mi espectáculo. Estaba anunciado en un pueblo de la costa hace no mucho. En verano me llaman de muchos Ayuntamientos, pero este verano tan lluvioso me ha obligado a realizar variantes muy significativas en mis espectáculos callejeros. Una variante ha sido regalar chubasqueros, cosa que ha gustado mucho. A la gente le entusiasma que le regales cosas, por poco valor que tengan. Un regalo es siempre algo que se agradece y emociona. En cualquier país y a cualquier persona que se lo hagas. Gracias a este regalo la gente acude a verte y a oir contar tus historias. El chubasquero les protege de la lluvia y ésta crea una cortina mágica a través de mi puerta. Pero ese día, anterior a mi idea de regalar chubasqueros, por mi puerta cruzó un perro vagabundo. Ni un alma. Ni un alma de humano. Todo el mundo cruzaba la plaza como volando. La lluvia mojaba y a la gente no le gusta mojarse. Excepto en el poblado de Amapola, mi novia del tercermundo. Yo abrí la puerta y el perro la cruzó despacio y se sentó al otro lado mirándome.Los perros son animales muy atentos, muy silenciosos y gran escuchadores. Sus ojos oscuros y profundos me impresionaron un poco.Me distraje completamente atrapado por aquella mirada casi exigente. Era cómo si me dijera: Si no es interesante me voy.Una vez entornada la puerta yo me puse a contar. Le decía ...ahora vamos a oír y ver cómo gira y gira el mundo. Y nos pusimos a escuchar. El perro me miraba y escuchaba atento. Oíamos caer la lluvia y entendíamos que era un día especial, un día de domingo en el pueblo de Amapola. Mirábamos y escuchábamos y lo que oíamos nos hacía gracia y yo me reía y el perro de vez en cuando me ladraba, y alguien pasaba presuroso: ya son ganas de pasar el rato tontamente, ..., ¿mañana te espero? ¡ya mañana me voy, no me esperes! ..., ¡qué frío, Pilar, me voy a poner el jersey que me estoy calando! ..., ¡el autobús, Joaquín, corre por Dios! ..., ¿Qué hacen esos? ... ¿Cuándo vendrá? ¡dile que la hecho de menos! ..., ¡Oye, vamos a entrar ahí...! ¿Ahí, a dónde, estás tonto o qué? ¿Eso es una puerta, no? ¡ pues vamos a entrar! ... Y oíamos las campanas de la Iglesia tocando a menudo y los autobuses y los timbres de las bicis y a la gente encontrándose y despidiéndose y a algún vagabundo, no sé si borracho o en otra onda haciéndonos largos discursos junto a la puerta semi-cerrada sin atreverse a entrar. ¿Cómo iba a entrar un vagabundo? Yo probé a hacerle pasar y entonces acabó drásticamente su letanía, se dio media vuelta y se marchó tambaleándose y farfullando y haciendo gestos con el brazo, cortes de manga y otros gestos obscenos. Su alma vagabunda lo arrastraba tras ella, igual que Leti me arrastraba a mí con el paraguas en el número del Armisticio.

Una señora se acercó y tocó la puerta, como llamando. La señora preguntó ¿Qué hacéis aquí? Me sorprendió que hablara en plural al referirse al perro y a mí. Estar. ¿Quiere pasar? La señora miró sonriente: No joven, que es muy tarde y tengo faena en casa. Otro día. ¡Hala, adiós! Y se marchó asustada como alma que lleva el diablo. Me encantó ver que a pesar de su miedo supo ser cortés y mantener el tipo.

Pero poco a poco, a medida que pasaba el rato y la lluvia, educadamente dejó de caer, fue acercándose más y más gente.Empecé a contarles que en el pueblo de Amapola, mi novia del tercer mundo, escribían sus historias en la arena y luego el viento las llevaba a todas partes a través del ancho mundo y que si cogían una tiza, yo naturalmente llevaba tizas de colores para todos, escribirían en el suelo trozos de esas historias, solamente tenían que dejar que su mano se moviera sola. Todos sonrientes lo probaron y escribieron en toda la plaza, historias sorprendentes, que quedaban semiborradas por la lluvia. Al abrir la puerta yo abría sus corazones. A un cierto punto se me ocurrió salir a fumarme un pitillo y todos los fumadores salieron inmediatamente a fumarse el pitillo y los no fumadores se quedaron. Luego volvimos a juntarnos todos y a leer las historias de cada uno escritas sobre el agua.ppppphhhhpppppooo