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Rincón de la tertulia
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VELADAS CON FELIPE EL PAYASO

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EL ARMISTICIO

Este es un número de payasos , viejo ya, a fin de cuentas yo soy ya un viejo payaso. Con este número siempre me han sucedido cosas muy graciosas. Me ha venido a la memoria y aprovecho este rincón para tertuliar un poco. Os cuento. Leticia, mi compañera de payaseo, se escondía bajo un gran paraguas de colores sin poder salir hasta que el temporal amainara. El temporal era yo. Bueno creaba unos temporales de agua, granizo y nieve muy buenos. Soy un auténtico especialista creando temporales. Leti quería salir pero sólo lo podía hacer si sacaba la bandera verde de debajo del paraguas diciendo: ¡Me rindo! Asomaba su cara de gran sol y yo me acercaba despacio, entonces por arte de magia aparecía un arco iris, Leti me ofrecía sus labios y yo la besaba dulcemente y la gente aplaudía. Esto era lo que solíamos hacer a las chicas en el barrio, hasta que se rendían y se dejaban besar o prometer hacerlo. Era una auténtica batalla de acoso y derribo. Nuestro barrio siempre nos ha inspirado mucho.

Una vez que estaba Leti bajo el paraguas, después de que yo le hubiese arrojado encima temporales de ramas, castañas, incluso periódicos y algunas piedras de gravilla, y asomaba ya su cabeza agitando la bandera verde , uno de entre el público se puso a gritar: ¡No te rindas, resiste mujer! La gente empezó a reírse y a hacer apuestas. Yo me acerqué despacio. Todos se callaron. Apareció el arco iris y Leti me ofreció sus labios y yo la besé. Pero Leti cerró lentamente el paraguas y con el mango me agarró del cuello y me arrastró tras ella, mientras la gente se reía aplaudiendo y nosotros desaparecíamos.


No fallaba, siempre nos sucedían cosas curiosas,como aquella vez que estábamos haciendo este número y yo me entretenía en repartir papeles entre el público con diferentes consignas escritas en ellos: ¡Ríndete, Leti! ¡Que salga! y lo que se me ocurría aquel día, cuando de repente me cayó una lluvia de octavillas con las palabras negociación y diálogo. Resultó que pasaba una manifestación de trabajadores de Panrico, que estaban en huelga. Llevaban tres meses de huelga, yo lo sabía bien porque mi hermano era vendedor de Panrico y se encerraba en la catedral del Buen Pastor junto con sus compañeros en huelga de hambre. El caso es que algunos trabajadores de Panrico creían que formábamos parte de la protesta con nuestro número de payasos y se pararon junto a nosotros gritando sus consignas de diálogo y negociación y rodeándonos con sus pancartas. Yo aproveché la situación y acercándome al que tenía el altavoz grité por él: ¡Leticia ríndete y dame un beso! Leti se asomó asustadísima al oírme por el altavoz y en ese momento el del altavoz gritó: ¡Leticia, queremos un beso! La gente aullaba.


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Entonces yo hice aparecer el arco iris y nos besamos en medio de un gran aplauso, mientras el del altavoz gritaba: ¡Viva Leticia y los trabajadores de Panrico! ¡ Viva la negociación sindical a favor de los trabajadores! ... ¡Por un convenio más justo! y no sé cuántas cosas más. Sólo recuerdo que acabamos arrastrados por la manifestación y hasta aparecimos en los periódicos: Panrico reivindica sus derechos y bajo el titular se veía a Leti arrastrándome del cuello con su paraguas y yo siguiéndola como un esclavo.


ú ú V ú ú


Nunca resultamos tan graciosos ni fuimos tan populares.


A raíz de aquello hemos podido comprobar que en las diferentes manifestaciones reivindicativas aparecen casi siempre números de payasos y es que los payasos cuentan a la gente lo que pasa de una manera clara y amena y la gente lo entiende de maravilla y sus sonrisas les hace abrir la boca y ya se sabe que cuando tienes la boca abierta las cosas, las consignas o lo que sea entran mejor, tal y como dijo uno de nuestros payasos más queridos, Dario Fo.

Este número me divertía especialmente y sobre todo el momento del beso y no sé si era por la expectación que se creaba o por besar a Leti o por saborear su rendición, el caso es que el beso siempre me sabía a gloria... – ¡Tíos...! decía Leti. ¡Ah... mujeres...! digo siempre yo...

¡Me encanta cuando se rinden!