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Y Maria tres veces amapola
María de la O Lejárraga nació en San Millán de la Cogolla, La Rioja, en 1874. Pedagoga, pionera del feminismo en España, diputada por Granada en 1933, exiliada finalmente en Francia y Argentina, murió en Buenos Aires en 1974. Su vida configura un panorama impresionante y apasionante de toda una época no menos apasionada y convulsa.
Silenciada, exiliada y olvidada, María Lejárraga fue, sobre todo, una olvidada de sí misma. Salvo en certificados, pasaportes u otros documentos oficiales, nunca aparece con su nombre y apellidos. En la vida privada se hacía llamar María Martínez Sierra. Sintió siempre una absoluta indiferencia hacia el éxito, el reconocimiento o la fama. Pero María fue también una mujer con una profunda preocupación social y política. Fue diputada durante la Segunda República y estuvo en contacto con el pueblo llano, sus carencias y necesidades, además de ser una comprometida luchadora por los derechos de las mujeres. En una época en la que todo estaba por hacer, María desarrolló una gran labor en las luchas solidarias. Acompaña a María a lo largo del espectáculo la figura del poeta, inspirada en la persona de Juan Ramón Jiménez, gran amigo y confidente:... Las horas que hemos pasado juntos, y juntos, los dos hemos callado tanto...¿no le parece que la forma esencial de la amistad es poder callar juntos sin que se rompa el lazo? Callaré una vez más, segura de que me comprende. De la mano del poeta María realiza un viaje por los paisajes de la memoria, por el infierno de la guerra civil y la serenidad de la derrota y el fracaso:..."fracasar no es una culpa". Sí, es la historia de un fracaso. Amó mucho y fracasó: María, no hay amor..., no hay más que un relámpago...¡Y hay que cogerle! Aunque todas las llamas del infierno nos abrasen las manos... y el alma... luego es tarde". Luchó mucho y fracasó y siguió amando y fracasando y siguió luchando y fracasando: " nuestra bien nacida y mal muerta Segunda República, nació en paz y murió a mano armada y derramó y vertió ríos de sangre, llantos y duelo tal vez para un siglo..." Estamos ante una mujer de corazón hermoso y fértil y sobre todo ante una apasionada luchadora. Pero también ante una incansable dramaturga..."el teatro Gregorio, es hidra, no de siete sino de mil bocas que hay que estar cebando incesantemente con tuétano y médula de los propios huesos". En definitiva, estamos ante una mujer de carne y sangre: " Soy una mujer con deseos, con celos, con esperanza, con desesperaciones, con carne y sangre, con voluntad, con malas pasiones..., igual que tú... un hombre...una mujer...".
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