En la definición de este tipo de métodos de planificación familiar se dice que están basados en la observación de los signos y síntomas que, de manera natural, acompañan a las fases fecunda e infecunda del ciclo menstrual. Veamos algunos de los indicadores que se pueden utilizar para el auto-diagnóstico de la fertilidad...
observaciones subjetivas referidas a la sensación que produce: sequedad, humedad, lubrificación,...
como las observaciones objetivas referidas a su apariencia: elasticidad, cantidad, transparencia,...
La temperatura corporal basal, que es aquella que tiene nuestro cuerpo en reposo y que normalmente, en el caso de la mujer y por el efecto que la progesterona tiene sobre el centro termorregulador del cerebro, aumenta inmediatamente después de la ovulación entre 0,2 y 0,5 grados centígrados, manteniéndose elevada hasta el final del ciclo.
El cuello del útero o cérvix, que experimenta diversos cambios a lo largo del ciclo como consecuencia de las variaciones en la concentración de estrógenos, y por la acción que esta hormona tiene sobre los ligamentos que lo sostienen, evolucionando progresivamente de estar duro, cerrado, inclinado sobre la pared vaginal y bajo en las fases infértiles del ciclo, a estar blando, abierto y alineado con la vagina y elevado en la fértil.
Además de estos síntomas, algunas mujeres llegan a detectar otros indicadores secundarios de la ovulación como son una especial sensibilidad en las mamas, dolor abdominal, un sangrado intermenstrual leve,...