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Africa es exótica pero ¿Quien ha dicho que España no lo es?
Marruecos Agosto de 1.991 (Calor mucho Calor)
(Artículo de Auto Verde Septiembre de 1.991) Marruecos es, sin duda, el país de los contrastes, donde la mezcla es la nota predominante: montaña y desierto, frío y calor, sequía e inundaciones, árabes y bereberes... argumentos más que suficientes para todos los que de una u otra forma participábamos en esta primera edición de la Ruta de los Almorávides. ' A las 8 h. de la mañana de¡ domingo 4 de agosto, y desde la explanada de¡ estadio Santiago Bernabeu de Madrid, se puso en marcha la larga caravana de coches y motos que durante más de dos semanas iban a compartir todo tipo de anécdotas y aventuras, en lo que para muchos iba a ser su primer contacto con el continente africano. Aparte de los vehículos de los participantes, la gran caravana estaba compuesta por otros de uso interno de la organización, cuyo fin era el control y apoyo de todos los asistentes. Un Nissan Patrol largo, equipado con herramientas y repuestos, hacía las funciones de vehículo taller y era atendido por dos mecánicos que nos acompaña- ron durante todo el recorrido. A su vez, un Range Rover, equipado con material sanitario, era el encargado de la asistencia médica. También un equipo de televisión hizo acto de presencia a bordo de un Defender 110, para así poder filmar lo más relevante que ofrecían las diferentes etapas. Pero sin duda el gran protagonista fue el Pegaso 7222 que fuera de Carlos del Va¡, y que en su día ganó una edición de¡ París-Dakar en la categoría de camiones. Este hacía las funciones de coche escoba, a la vez que transportaba el equipaje de los motoristas y algún que otro repuesto que estaba de mas en los vehículos de los participantes.
Marruecos Agosto de 1.992
Salimos de Bilbao un grupo de 5 coches todo terreno. El objetivo principal era muy sencillo: hacer un reconocimiento por tierras marroquíes, contactar con su paisaje y cultura, tan diferentes de la nuestra. Después de cruzar España de norte a sur nuestra gran duda era el embarque, puesto que la situación en Algeciras era muy tensa con la gran afluencia de ciudadanos marroquíes que querían pasar a su país de origen. Lo que nos hizo tomar la decisión de embarcar en Almería y tomar rumbo a Melilla, tras siete horas de viaje, varias de ellas durmiendo, llegamos a nuestro destino. El Parador de Turismo de esta ciudad española en Africa; el calor húmedo era asfixiante para nosotros y la mejor forma de refrescarse antes de ponerse a descansar era darse un estupendo baño en la piscina a las 12 de la noche. A la mañana siguiente nos dirigimos hacia la frontera marroquí de Nador. En este punto fronterizo nos encontramos con el primer gran problema, a pesar de haber pedido todos los permisos para la expedición, no llegaron a tiempo a España, lo que dificultaba de forma considerable el paso por estos puestos; seis horas de espera en la frontera nos dieron la posibilidad de ver muy de cerca uno de los grandes problemas de este país, la tremenda corrupción policial existente. Era verdaderamente triste ver a niños y mujeres que cargados con sacos, tenían que pagar a los policías para poder pasar sin problemas y cuando se negaban a hacerlo la mercancía le era requisada inmediatamente, pero no por razones policiales, sino para uso personal de los policías. Lógicamente estábamos totalmente vigilados y conseguir fotografías fue del todo imposible, salvo que quisiéramos perder las cámaras, como casi nos pasó con las emisoras de comunicaciones, que en un principio nos fueron requisadas, pero gracias al Subdelegado de Turismo marroquí y una hábil maniobra conseguimos que continuaran el viaje con nosotros. Tras hacer una simulación de envío de éstas a España y posterior camuflaje en los paneles laterales de uno de los coches. Por cierto la policía a la hora de pedir dinero a los extranjeros son bastante delicados y te piden "para un café".
Puesto que habíamos perdido gran parte de¡ día en la frontera decidimos descansar en la ciudad de Nador; como guía turístico tuvimos uno de excepción el Subdelegado de Turismo, "Sr. Hassan", quien nos enseñó toda la ciudad sin intentar obligarnos a comprar nada en ninguna de las tiendas del zoco de estilo moderno. Nos llamó mucho la atención de encontrar incluso antenas parabólicas. De Nador tomamos rumbo sur dirección a Taourirt, un enjambre de pistas rápidas nos acercan a esta población, donde nos encontramos con una boda berebere, a la que sus celebrantes nos invitaron a asistir, pero el tiempo perdido el día anterior nos apremiaba y rechazamos la invitación, a pesar de lo cual nos deleitaron con algunos de sus bailes y tradiciones. Continuamos rumbo sur ascendiendo a una enorme llanura llamada Plateau du Rekkam, situada a 1.600 metros de altitud. Las pistas son muy rápidas y el "G. P S.", equipo de navegación vía satélite, se hace necesario, puesto que de esta zona no existen referencias en ninguna bibliografía. El calor empezaba a apretar y continuábamos hacia el sur Hasta este momento, no habíamos sufrido averías mecánicas, pero la carga ya empezaba a moverse por todos los lados y los ruidos dentro de los coches son indecibles. Tras una parada para sujetar la carga de uno de los 4x4 nos encontramos con una patrulla de la policía, la cual estaba perfectamente informada de nuestra ruta. Tenían la misión de acompañarnos hasta que saliéramos de su jurisdicción. La zona que nos quedaba de etapa fue verdaderamente interesante, plagada de grietas en el terreno y valles de ensueño, unos áridos y otros totalmente verdes, parecía que pasábamos del desierto a la tundra cada pocos kilómetros. El Jeep Wrangier gasolina de la policía tenía problemas y nos vimos obligados a remolcarlos varias veces. Tras muchas horas de conducción llegamos a Hi El Ahmar donde nos despedimos de la patrulla y montamos el campamento para descansar. Al día siguiente nos esperaba una etapa como la del día anterior, 250 kms., calor y muchas piedras, que nos acercarían a Ar Rachidia. Entrando ya en zona de palmerales, kasbahs y camellos La siguiente etapa era corta, unos 150 kms. por pistas de arena que nos llevarían a gran velocidad a las famosas dunas de Merzouga, situadas en el Erg Chebbi. En esta zona el calor ya es intenso llegando a los 45 grados y la mecánica se empieza a resentir, una pieza del embrague de uno de los coches cede y esto obliga al piloto a hacer un cursillo intensivo de conducción sin embrague, como decía él: "Todo es cosa de cogerle el truquillo". Mientras estábamos intentando reparar la avería en medio de la nada vimos un punto negro a unos 2 kms. por supuesto se trataba de un lugareño que se acercaba a hacernos una visita y con el típico "¿saba?" nos convenció para ser nuestro guía por la zona de las dunas. Las dimensiones de estas dunas son impresionantes vistas de lejos parecen auténticas montañas. Montamos el campamento en las dunas. La noche no podía ser mejor una luna llena iluminaba todo el paisaje, dándole un aspecto inimaginable para la gente del norte de España. La etapa del día siguiente prometía ser interesante, ya que teníamos previsto seguir ruta pegados a la frontera con Argelia, pero las fuerzas policiales nos lo impidieron. El argumento que nos dieron era de fuerza mayor; los puestos militares de las zonas fronterizas tenían orden de disparar a los vehículos que se movieran dentro de su área, lo que nos obligó a tomar la alternativa norte que nos llevaría a Zagora. Es curioso que los planos indicaban que era todo asfalto, pero de pronto éste se termina y continuamos por una pista que discurre dentro de un valle de piedra totalmente negro, calcinado por el calor y poblado por escorpiones negros de gran tamaño. Esta especie de escorpión es mortal y lo vimos en una de las paradas, en menos de un metro cuadrado había tres. En Zagora tomamos un día de descanso en hotel, es increíble que en medio del desierto exista un hotel de estas características, equivalente a un cinco estrellas. Aprovechando el día de descanso hacemos una revisión completa de los coches y reparamos los pinchazos de los días anteriores. Cada coche tenía 3 ruedas de repuesto. A partir de Zagora cambiamos el rumbo hacia el oeste, dirigiéndonos a Tata y pasando por Foum Zguid, etapa de 300 kms., la arena es la protagonista junto con el calor que dentro de los coches es asfixiante, pero se anda mejor con las ventanas cerradas porque el aire que entra del exterior es super caliente en cuanto se pasa de 60 kms. /hora. A Foum Zguid llegamos ya sin luz solar y nos faltaba la mitad del trayecto por recorrer, de forma que limpiamos los faros y continuamos de noche hasta Tata donde dormimos en un hotel cuyo precio de habitación doble era de 1.000 pesetas. De Tata nos dirigimos hacia la costa, para conocer las playas de este país. Nos sorprendió lo fría que estaba el agua. Ya estábamos en las zonas de turismo convencional, Agadir y a partir de este momento nos dirigimos a las grandes ciudades imperiales, Marrakech, Meknes y Fez donde visitamos las antiguas medinas y los zocos. No cabe duda que para conocer un país bien es necesario salirse de las zonas típicas de turismo y convivir con sus gentes, para de esta forma conocer su folklore y costumbres. Marruecos Agosto de 1.993 Ruta en Solitario Sin lugar a dudas una de mis mejores experiencias en viaje.
Este verano se planteaba aburrido y sin grandes perspectivas, así que salí de trabajar, cogí los bártulos y sin pensarlo llene el deposito y los jerrycans hasta los topes para después tomar rumbo Sur. Casi sin darme cuenta me encontraba en el ferry rodeado de Magrebies que iban de visita a su país. En el trayecto de cruzar España caí en la cuenta de como habían evolucionado estas gentes, ya no iban con vehículos cochambrosos y destartalados entorpeciendo el trafico, se desplazaban con total normalidad y coherencia por nuestras carreteras aunque eso sí, hasta los topes de regalos y productos de necesidad para sus familiares. Ya en Africa, me decidí por repetir uno de los itinerarios, en concreto el del primer año y mi gran sorpresa fue que no necesité ni mirar los mapas, parecía que había pasado por esas pista hacia tan solo unos días la memoria funcionaba a la perfección y disfrutaba del pilotaje ya que al ir solo no dependía del ritmo de otros coches lo que me permitía conducir al limite de mis posibilidades y las del Nissan.
Había momentos en que la soledad se hacia patente pero no insufrible, lo cierto es que encontrarte solo en el Sahara pone muchas cosas en su sitio y te ubica en este mundo, como dijo Lourece de Arabia "Dios creo el desierto para demostrarnos nuestra insignificancia". No me extenderé en relatos del viaje ya que fue una experiencia relajante y sin problemas. |
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